
La vieja discusión infantil entre lo sintético y lo simbólico ha llegado a la alta política nacional.
El precandidato a presidente Sergio Massa se ha referido a su flamante candidato a vice -el salteño Gustavo Sáenz- como una figura que «sintetiza nuestra propuesta nacional y federal».
Sáenz, nacido sintético, como todo el mundo sabe, hubiera preferido ser definido sin embargo como simbólico.
La razón es muy sencilla: lo sintético suena a reducido, a pequeño, a corto, a resumido, a breve. Y esto, teniendo en cuenta que Sáenz no anda sobrado de centímetros, es poco favorable a su figura.
Lo simbólico, por el contrario, tiene una dimensión misteriosa, casi intangible, relacionada con asociaciones subliminales de las palabras o signos para producir emociones conscientes. En pocas palabras, que lo simbólico no prejuzga sobre el tamaño.
Lo curioso es que Massa no ha dicho de qué forma Sáenz sintetiza su propuesta federal, porque el solo hecho de ser salteño no supone para cualquier persona estar en posesión de un diploma que acredite su acrisolada condición federalista. Bien es sabido que los gauchos más taimados de Salta son federales solo cuando les conviene.
La idea federal
Curiosa es sin embargo la idea de lo federal que sustenta el candidato Massa.Según él es federal todo aquello que existe de la avenida General Paz hacia afuera. Por tanto, su compañero Sáenz, un producto prístino del interior profundo de la patria, como el mismo se ha definido, es más federal que Manuel Dorrego y que Alexander Hamilton, juntos.
Si lo apuran, Sáenz podría ser incluso más federal que el jabón Gran Federal Marfil.
La definición de lo federal como lo no-porteño es una innovación que pinta de cuerpo entero al candidato que aspira a presidir un país que sueña con distinguir lo federal de su opuesto cuando ni siquiera es capaz de diferenciar entre lo sintético y lo simbólico.