
A finales del mes de junio pasado y en medio de un agitado debate en la opinión pública argentina sobre la despenalización del aborto y la separación entre la Iglesia y el Estado, el Gobernador de Salta, Juan Manuel Urtubey, se definió ante medios de prensa de la Provincia de Río Negro como «católico creyente pero no practicante».
Más tarde, el personaje repitió las mismas palabras en una entrevista que concedió al periodista Luis Novaresio.
Estas sorprendentes revelaciones fueron efectuadas solo cuatro meses después de que el mismo personaje, en circunstancias parecidas, pero ante medios de prensa de su Provincia, dijera que no apoyaba el proyecto de despenalización del aborto en su condición de creyente católico.
La última definición de Urtubey fue criticada ampliamente en su día por su falta de sinceridad y por lo que algunos consideran fue un cálculo de oportunidad efectuado por el mandatario salteño, quien por entonces hacía esfuerzos visibles por congraciarse con el electorado progresista del sur del país, mientras que en Salta seguía sosteniendo posiciones ultramontanas en materias de costumbres y de religión.
Muchos dudaron entonces que Urtubey fuese realmente un «creyente no practicante», como él aseguró que era, ya que semanas antes había bautizado en la fe católica a su segunda hija mujer -fruto de su unión con la actriz Isabel Macedo- en lo que muchos consideraron una demostración sin prueba en contrario de que el niño educado en las más sobrias y morigeradas costumbres cristianas en la Escuela Parroquial de La Merced y el joven que posteriormente lo fue en el Bachillerato Humanista Moderno de Salta (establecimientos ambos regidos con mano el hierro por el Arzobispo de Salta) no ha abandonado en absoluto la práctica escrupulosa de la religión que dice haber abandonado parcialmente.
Días pasados, el gobernador Urtubey asistió a una celebración religiosa en la ciudad de La Rioja (la conocida como del Tinkunaco, que se celebra en el lugar el último día del año), a donde se trasladó como parte de su plan de campaña (es decir, para sacar ventajas políticas). En la ocasión fue fotografiado mientras se encontraba arrodillado, junto con otras personas, frente a las imágenes del Niño Dios y de San Nicolás de Bari, patrono de la ciudad.
Para un católico no practicante, un gesto de estas características es bastante inusual, por cuanto la genuflexión es la forma por medio de la cual los fieles cristianos exteriorizan su adoración a Jesucristo. Y más que la genuflexión lo es el arrodillamiento (aunque sea con una sola rodilla en tierra, como Martín Palermo), algo que los fieles suelen hacer durante ciertos momentos del culto como la consagración o el Credo y el Evangelio en ciertas fiestas.
Incluso más; los fieles pueden arrodillarse de forma opcional -siempre que toda la asamblea se comporte de un modo uniforme- durante toda la plegaria eucarística (hasta la doxología) y el momento en el que el celebrante la concluye antes de la comunión.
Como se puede apreciar en la fotografía adjunta, hay varias personas presentes en la ceremonia que permanecen de pie, por lo cual el haber optado por arrodillarse, desechando permanecer de pie y agachar la cabeza en señal de humildad, solo se puede entender como la aceptación voluntaria de la exteriorización de la adoración a Cristo y por tanto la expresión de una práctica religiosa que no admite otra calificación.
Es eso, o es que el Gobernador de Salta es un falso de mucho cuidado; alguien que le está tomando el pelo a la divinidad o a la feligresía, y que con su comportamiento ladino y cambiante bien podría ser candidato a los Oscar que la Academia de Hollywood entregará dentro de unos meses.