
Un medio digital de la ciudad de La Plata ha publicado ayer la noticia de que el Gobernador de Salta y lanzado candidato a Presidente de la Nación por la fracción no kirchnerista del peronismo nacional, Juan Manuel Urtubey, ha decidido finalmente optar por ser candidato a Vicepresidente de la Nación, integrando el binomio junto al bonaerense Sergio Massa, su principal competidor en la carrera.
Sin citar una fuente fiable y aludiendo solo a una conversación que Urtubey habría tenido con sus «interlocutores platenses» (a los que tampoco se identifica), el mismo medio digital califica de «frase sorpresiva» la que Urtubey dirigió a los supuestos interlocutores.
Pero la sorpresa no saltó tanto en La Plata como en Salta, pues de ser cierta la admisión de su incapacidad para sobrepasar a Massa en las preferencias populares, lo que sorprende no es tanto la decisión de tirar la toalla en el combate por el número uno (que se veía venir), sino el hecho que, en el mejor de los casos, Urtubey solo reemplazaría en la fórmula a otro salteño -Gustavo Sáenz- quien en 2015 fue precisamente candidato a Vicepresidente de la Nación junto al disputado y al parecer salteñófilo Sergio Massa.
Que Urtubey hoy quiera hacer con varias toneladas de millones lo que Sáenz consiguió hace tres años con solo un puñado de billetes no es tampoco una sorpresa. Sí lo es el hecho de que, en su día, cuando Sáenz consiguió hacerse un hueco en el peronismo nacional (es decir, cuando Urtubey todavía andaba olisqueando las entrañas del kirchnerismo y colgado del brazo bueno de Scioli para buscar de una notoriedad que se le negaba), el actual Gobernador de Salta se ocupó de denigrar como él solo sabe hacerlo a Gustavo Sáenz, a quien un poco más adelante llegó a calificar de «Intendente mendicante».
Dice el diario platense que el motivo para que Urtubey haya decidido cejar en su empeño, es la «imposibilidad de emerger como una figura que no represente el pasado ni el presente». Pero la verdad es que, si le dieran a elegir, Urtubey preferiría unas mil doscientas veces y media que Sáenz repitiera como candidato a vice de Massa, y él ser candidato a Gobernador para aspirar a un cuarto mandato. Pero como esta última posibilidad está vedada por la Constitución de Salta (una norma que -ya se vio en 2003- se puede reformar en una noche loca), no está dicha todavía la última palabra.
El mismo diario dice que «con sus incursiones en la Provincia» (de Buenos Aires, porque en Salta ya no pinta nada), «siempre de la mano de intendentes de Cambiemos o de ministros de María Eugenia Vidal, Juan Manuel Urtubey ya se ganó con creces la antipatía del PJ bonaerense y el mote de ‘peronista atípico’». Pero, más que atípico, en sus cada vez más frecuentes salidas de Salta, Urtubey se ha mostrado apítico, lo que ha dado mucho que hablar.
También comenta el diario de La Plata que la campaña de Urtubey en la Provincia más extensa y poblada de la Argentina recibió «un golpe duro» cuando la gobernadora María Eugenia Vidal se negó a recibirlo. «Frente a esta negativa, rozó lo desopilante la conferencia de prensa que dio en un bar a metros de la Gobernación. Estuvo cerca, pero del lado de afuera», dice el diario. Como la soñada foto con Obama, fue todo «por afuerita».
Dice finalmente la fuente que citamos que «Urtubey es consciente de que ya no tiene tiempo de construirse en esa tercera vía que propone, ya que ninguna estrategia parece funcionarle para despegarse de esa imagen de oficialista moderado que pesa sobre él». El que le diseñó la campaña se equivocó «fiero», como dicen los salteños.
Ahora, si todo va bien, Urtubey solo podrá alcanzar lo que ya alcanzó Sáenz antes. Y lo que es peor: Sáenz puede ser electo en 2019, Gobernador de Salta, mientras Urtubey lo mira por TV.
Casi todos en nuestra Provincia saben que de candidatos salteños frustrados a Vicepresidente está empedrado el camino del fracaso: abonan esta teoría los apellidos de Romero, Gómez Diez, Caro Figueroa o Sáenz.
Es cuestión de horas para que Urtubey rellene la ficha para ingresar al club.