'Toqueteadas con lascivia'

ToqueteandoMuchas veces es imposible (y casi siempre inconveniente) reírse de los asuntos serios, solemnes o graves. Pero quién no ha sentido alguna vez la tentación de hacerlo cuando alguien utiliza las palabras equivocadas al momento de relatar una desgracia.

Entre risa y pena es lo que provoca leer esta mañana en los diarios de Salta que dos turistas extranjeras fueron asaltadas a punta de pistola, robadas y "toqueteadas con lascivia".

La construcción verbal del "toqueteo con lascivia" es otra brillante aportación a nuestro idioma, forjada en el mismo molde de otras expresiones inolvidables como las "descargas espermáticas" o las "cavidades anales", que, como todo el mundo sabe, han disparado el nivel de nuestras letras hasta alturas antes desconocidas.

Toquetear es una expresión muy salteña pero a la que el Diccionario le atribuye un sentido bastante diferente al del "toqueteo" sexual. Tal sentido es el de "tocar reiteradamente con la mano lo que es o parece inconveniente". Toquetea, por ejemplo, quien mete los dedos en el enchufe, el que se se pone a hurgar debajo del capot del auto sin tener conocimientos de mecánica, o el que se empeña en reparar un disco duro con las mismas herramientas que utiliza para arreglar una plancha.

La acción del tocamiento erótico, en tanto que se dirige a algo "que es o parece inconveniente", puede ser descrita desde luego con el verbo "toquetear", pero no sin riesgo de convertir a la persona "toqueteada" en un mero objeto sexual; es decir, sustrayendo a la toqueteada (generalmente una mujer) su dignidad de persona. Esto es machismo puro.

Si queremos hablar con propiedad y respetar al mismo tiempo la dignidad de las víctimas, corresponde escribir y decir "manosear", ya que el Diccionario define esta acción como "tocar repetidamente a alguien con las manos, generalmente con intención erótica". Obsérvese que en esta definición académica aparecen dos notas importantísimas: 1) el sujeto pasivo del tocamiento, que siempre es "alguien" (es decir, una persona humana); y 2) la intención erótica, que falta absolutamente en el verbo toquetear.

La lascivia

Esta palabra sirve en nuestro idioma para designar a la inclinación del ser humano por el deleite carnal. Una persona lasciva es aquella que, por naturaleza, por afición o por cualquier otro motivo, tiene una inclinación hacia el placer sensual. Lascivos, por tanto, somos casi todos, en mayor o menor medida. Ser lascivo no parece ser malo de suyo.

Un manoseo o un "toqueteo" sexual revela algo más que una simple inclinación. Supone pasar a la acción, aunque de la peor forma posible. Salvo que un perito psicólogo haya estado presente en el exacto momento del toqueteo, nadie puede decir que un agresor sexual actúa con lascivia, porque ésta, como tal inclinación o propensión, forma parte del fuero íntimo del agresor y, en todo caso, de su historia personal.

Menos aún se puede hablar de lascivia cuando el tocamiento erótico es ilícito (es decir, dirigido a una persona que no lo desea). Es muy posible que la persona que comete un delito sexual sea un "lascivo" en su vida normal, pero no es la lascivia sino la perversión o el ánimo criminal lo que le determina a perpetrar el delito.

En otras palabras, que nadie comete delitos contra la libertad sexual de otro simplemente por lascivia, es decir, por propensión al placer carnal (una cualidad pasiva), sino por otras motivaciones bastante más graves y repugnantes.

Si la intención del cronista de la historia era dejar clara la motivación erótica del "toqueteo", añadiéndole el elemento sexual, debió prescindir de la palabra lascivia para utilizar la palabra lujuria, porque ésta significa "vicio consistente en el uso ilícito o en el apetito desordenado de los deleites carnales".

Así pues, mientras la lascivia es una simple inclinación, la lujuria es un vicio actual y tangible (un hábito de obrar mal) que incluye, entre otras cosas, el uso ilícito (no permitido legal o moralmente) de los deleites carnales.

En resumen...

Que si seguimos así, por esta línea que mezcla lo culto con lo vulgar, pronto leeremos en los diarios noticias como que fulanita de tal fue "traveseada", "upiteada" u "orteada" en el ómnibus, a lo que, para que parezca más fino, se añadiría aquel clásico pasaje del viejo libro de Derecho Penal Parte Especial: "sometida a tocamientos inverecundos en sus partes pudendas más profundas".