La presidente del Banco Central de la República Argentina, Mercedes Marcó del Pont, y la piquetera jujeña Milagro Sala cada día se parecen más. Esto salta a la vista. Lo que no es posible saber ahora es si, al cobijo de la bonanza económica y la esplendidez del gobierno nacional, es la piquetera quien ha venido acercando su imagen a la de la otrora desarrollista señora Marcó del Pont, o si ha sucedido a la inversa; es decir, si el remolino democratizador e igualitarista se ha tragado a la economista y le ha empujado a adoptar ese atractivo look piquetero con el que adorna sus últimas apariciones.
De lo que no caben dudas es que en este proceso de aproximación de la imagen hay un "fondo de convergencia" de doble vía, que por un lado hace que los grandes intereses económicos se acerquen cada vez más a los necesitados y, que por el otro, está instalando progresivamente la metodología y la estética del piquete en aquellos recintos enmoquetados en donde se tutelan nuestras reservas y se acuña nuestra moneda.
Que la jefa de Túpac Amaru pueda ser confundida -al menos en un casual golpe de vista- con la presidente del Banco Central es toda una conquista de la inclusión que pregona el gobierno.
A juzgar por el poder económico de la piquetera jujeña y de su creciente capacidad adquisitiva -que, llegado el caso, podría rivalizar con el poder del mismísimo Banco Central- parece evidente que la inclusión, como fundamento filosófico del poder, es la clave única para interpretar el dulce momento que viven la economía y el sistema social argentino.