Una metedura de pata verbal de insospechadas consecuencias

Acervo culturalEl Gobernador de Salta dijo ayer en un discurso que la violencia que se ejerce contra la mujer (la mal llamada violencia de género) forma parte del "acervo cultural" de la sociedad salteña.

La expresión no puede ser más desafortunada, por varios motivos.

El primero -y más obvio- que es bastante dudoso que el apalear a las mujeres, solo por el hecho de ser mujeres, sea algo arraigado en el modo de vida y en las costumbres de los salteños.

El Gobernador -más que ningún otro- está obligado a distinguir entre las cosas malas que pasan con más frecuencia de la deseada y el envilecimiento generalizado de las costumbres.

Pero si aceptásemos por un momento la existencia de un componente "cultural" en la violencia de este tipo, lo que no se puede aceptar es que alguien pretenda hacernos creer que tal violencia integra nuestro "acervo cultural".

Porque la palabra acervo tiene una connotación positiva, que denota valor, y porque al hablar de violencia contra las mujeres no estamos hablando de ningún bien moral o cultural, ni de un "haber", entendido como el conjunto de cualidades positivas o méritos que se consideran en alguien o algo, en oposición a las malas cualidades o desventajas.

En pocas palabras, que el Gobernador de Salta, en su generoso y valiente intento de llamar la atención sobre una patología social sumamente dañina, ha escogido las palabras equivocadas.

Pero no cualquier palabra equivocada. Es que no podría haber elegido peores.

Ejercer violencia -no ya solo sobre las mujeres sino sobre cualquier otro ser humano indefenso, como los ancianos y los niños- no solo no es el "modo de vida" de los salteños (por mucho que lo diga el Gobernador), sino que, mucho menos aún, forma parte de ningún "acervo".

Es inapropiado y peligroso aplicar a la violencia contra las mujeres las misma palabras que al hábito de coquear. La violencia no es un caudal susceptible de acumularse por tradición o herencia; no es algo que vincule (como el "acervo" lo hace con los socios o coherederos que participan de él) sino que es algo que disgrega, que destruye, y que, al fin y al cabo, no nos hace partícipes de nada bueno.

Afortundamente, ni el gobernador Urtubey debe creerse lo que ha dicho frente al micrófono. De pensar, efectivamente, que la violencia de este tipo integra algún acervo cultural de los salteños, en la reciente reforma de la Ley de Ministerios hubiera transferido las competencias de la Oficina de Violencia Familiar a la Secretaría de Cultura, y esto, por suerte, no lo ha hecho.