Jean Michel Bouvier, padre de Cassandre, la joven turista francesa asesinada en la Quebrada de San Lorenzo junto a Houria Moumni, reclama a los poderes públicos franceses la inclusión en el Código Penal de aquel país la figura del crimen de feminicidio.La dura experiencia del señor Bouvier en Salta y el martirio de su hija, son las claves para esta petición que apunta a convertir en un delito contra la humanidad la violencia mortal ejercida contra las mujeres a causa de su condición femenina.
Bouvier ha difundido una escrito en el que expresa sus ideas en este sentido y revela que ha pedido a la Presidente de la Nación, la erección de un monumento en memoria de su hija fallecida y de Houria Moumni, para dar testimonio de la lucha universar por los derechos de las mujeres a su dignidad y su integridad física.
El texto de este escrito es el siguiente:
El viernes 15 de julio, en los cerros de Salta, en el norte de la Argentina, mi hija Cassandre fue golpeada, violada y asesinada de una bala en la cabeza. En la morgue el hospital de Salta, sus grandes ojos negros paralizados de miedo, pero impregnados de una trágica determinación, como las numerosas marcas de la violencia sufrida por su cuerpo, petrificaron de horror al padre, a la madre y a los hermanos, que habían venido a honrar a su cuerpo por última vez y llevarlo con ellos a Francia.
Al día siguiente se apoderó de mí la idea de que la cadena de hechos cometidos primero contra su libertad de mujer y finalmente contra su vida merecen una calificación específica, con las mismas consecuencias jurídicas que las de un crimen contra la humanidad. Al día siguiente descubrí en la Embajada de Francia en Buenos Aires el concepto de feminicidio, común al conjunto de la América Latina. Había encontrado la bandera de lucha de la que habría estado orgullosa mi Cassandre.
Incluir el delito de feminicidio en la legislación penal de mi país se ha convertido, así, en el Santo Grial de mi vejez. El ser humano que golpea, viola y asesina a una mujer, porque es mujer y porque tiene una superioridad física sobre ella, será denunciado como un bárbaro y castigado igual que aquel que comete un crimen contra la humanidad. Lo mismo sucederá con quienes cometan este crimen de forma colectiva.
Yo no soy nada sin el apoyo de todas las mujeres y los hombres de buena voluntad y sin las organizaciones que defienden los derechos humanos y que luchan contra la violencia sobre las mujeres. A Cassandre no le gustaban las injusticias y sus consecuencias: la pobreza, la postergación, la exclusión. Le gustaba buscar aquello que permitiera a las personas desfavorecidas superar su condición. Amaba ser solidaria con todos los que sufren y actuar en su nombre.
Espero que las autoridades ejecutivas y legislativas del país afirmen la absoluta necesidad de garantizar cada vez más los derechos de las mujeres, en especial su derecho a la libertad y al respeto de su integridad física. El 1 de septiembre le pedí al Presidente de la República que tome una iniciativa en este sentido. Pronto, me dirigiré también al Senado y a la Asamblea Nacional. En la próxima elección presidencial voy a pedir a los candidatos que adopten una posición sobre el tema. Voy a invitar a los electores y electoras a retirar su voto a los candidatos que no hayan asumido un compromiso explícito por la inclusión del delito de feminicidio en el Código Penal.
La muerte de Cassandre y de Houria, su compañera de viaje, es sin dudas un «suceso noticiable» y es comprensible que pierda actualidad. Pero las condiciones abominables de sus asesinatos constituyen una negación de la mujer que amerita un eco mediático permanente, para protección de las personas vulnerables.
Para aliviar mi dolor, le he pedido a Cristina Kirchner, Presidente de la República Argentina, la construcción de un monumento de piedra en el lugar donde Cassandre y Houria fueron asesinadas. Durante su reciente visita a Francia, ella me dio garantías sobre este punto. En los sueños más locos imagino a este monumento como el símbolo de una amistad franco-argentina unida contra el delito de feminicidio. Lo imagino como el primero de una serie que forma una corona alrededor de la Tierra para dar testimonio de la lucha sin descanso para defender la vida de las mujeres.
Gracias, Cassandre, por infundirme tu generosidad, tu entusiasmo y tu corazón. Houria y tú son, a partir de ahora, para sus familias, ángeles inseparables. Serán también heroínas para todas las mujeres argentinas y francesas. Formulo el deseo de que lo sean también para todos los hombres argentinos y franceses.
Jean-Michel Bouvier
Traducción Iruya.com