Cameron, impecable hasta que se le ocurrió mentar a la 'nueva política'

David CameronEuropa entera asiste con asombro al enésimo recambio gubernamental en una de sus democracias más antiguas: la británica.

Después de que las elecciones dieran como resultado un 'hung Parliament' -situación que se produce por primera vez en casi un tercio de siglo- casi nadie apostaba a que el duelo entre las insuficientes mayorías de tories y whigs pudiera resolverse en sólo unos días.

Los británicos no han inventado la política, pero casi. Sus instituciones son modélicas y aunque a simple vista pueda parecer que sus políticos son parecidos a los nuestros, la realidad es bien diferente.

Anoche, cuando las sombras se enseñoreaban de Londres, esparciendo sobre sus calles ese misterioso halo, característico de las historias de Sir Arthur Conan Doyle, se conoció la noticia de que la Reina había encargado la formación de un gobierno al líder de los conservadores David Cameron.

La noticia tomó de sorpresa a casi todos, pues las negociaciones entre los tories y los lib dem de Nick Clegg parecían empantanadas por la negativa de los conservadores a reformar la ley electoral.

Pero estos señores son -vale la pena insistir en ello- muy diferentes a nosotros, y lo que en Salta hubiera llevado unos quince años de tironeos y de zancadillas, fue resuelto en este país con un muy elevado sentido de la responsabilidad política.

Los acontecimientos se precipitaron, y poco después de que la BBC difundiera la fotografía de la reina Isabel -con su cabello ya totalmente blanco- dándole la mano a David Cameron, un enjambre de helicópteros siguió la travesía del Jaguar XJ (X350) gris del nuevo Primer Ministro, con esa patente tan enigmática (WA10 DAO). Hubiera chocado con la ancestral sobriedad británica ver al nuevo Premier al comando de un vetusto Torino blanco, rebotando por los baches de la calle Mitre, y escoltado por los motorizados de Montaldi.

Felizmente, el Jaguar de Cameron atravesó raudamente Parliament Street, dejó atrás el Cenotafio y entró triunfante a la mítica calle Downing.

El flamante Primer Ministro se apeó entonces del vehículo y, cuando todo el mundo esperaba que se lanzara hacia su nueva residencia, el hombre se tomó el trabajo de abrir personalmente la puerta trasera del coche para que bajara su encinta esposa, la aristócrata Samantha Gwendoline Sheffield.

La señora Sheffield representa casi todo lo contrario del personaje de Fran Drescher en 'La Niñera'. Casi tan alta como su esposo, vestía impecablemente de azul, pero alguna impresión debe de haberle causado la escenografía victoriana y el despliegue de la prensa, que la pobre tenía los ojos abiertos como dos platos. Aun así, la dama conservó la compostura, a pesar de su embarazo avanzado y de la previsión de que, en su nueva residencia oficial, tendrá que arreglárselas como pueda, sin un 'Plan Pancitas' como el que tenemos en Salta.

La señora Cameron acompañó con paso firme a su marido hacia la entrada de la residencia, pero tímidamente se apartó a dos metros del lugar en donde se había dispuesto un micrófono para que el flamante Primer Ministro dirigiera a la nación su primer discurso.

Samantha tiene apenas un añito menos que la Primera Dama de Salta, pero quien sabe si por la humedad de Londres o por sus clásicas neblinas, la prestancia de la nueva inquilina del Nº 10 de Downing Street no resulta hoy por hoy comparable con el boato populachero a que estamos acostumbrados en nuestros valles subandinos.

Cameron, por su parte, sólo tiene tres años más que el Gobernador de Salta; es algo más rubito y cachetón, pero en aplomo y habilidad oratoria deja a nuestro mandatario a la altura del betún, o, si se prefiere, como un simple charlatán de feria, dicho esto con el mayor de los respetos hacia ambos.

Ya quisieran muchos líderes europeos improvisar, como lo hizo anoche Cameron, un discurso de tres minutos, con la misma solvencia, profundidad y decisión demostrada por el nuevo Premier británico.

Lo primero que hizo Cameron fue agradecer los años dedicados al servicio público por su antecesor y antagonista Gordon Brown. Un ejemplo cívico que alguna vez nos convendría imitar.

Sin embargo, dicen los expertos que la declaración de hoy del nuevo Primer Ministro, y que dice "hoy no arranca sólo un nuevo Gobierno sino una nueva política  en la que pese más el interés nacional que el interés partidista y en el que pese más la cooperación que la confrontación", ha sido sugerida por teléfono por el mismísimo Gobernador de Salta, que fue uno de los primeros líderes del mundo a los que Cameron llamó para avisarle de su nuevo empleo.