Unas breves y discretas lecciones de fracaso

Gobernador de SaltaSalvo un voraz apetito por alcanzar un nivel de vida espléndido, la generación a la que pertenece el Gobernador de Salta, y que él mismo reclama como el nuevo y exclusivo protagonista de la política argentina, no ha demostrado ninguna cualidad cívica, ni sobresaliente, ni más o menos destacada.

En cambio, la 'vieja generación', esa caterva de inútiles, desclasados y desheredados de la política, al menos fue capaz de fracasar y de hacerlo con singular estrépito.

La nueva generación, ablandada por el hedonismo, ni siquiera ha demostrado ser capaz de esto último.

Si es bueno y saludable que el Gobernador de Salta anuncie con los clarines del Apocalipsis que ha llegado la hora de sustituir a la vieja guardia, y de hacerlo de modo radical (es decir, sin dejar títere con cabeza), porque entiende que ya está bien de fracasos colectivos, ya no parece tan bueno que esta nueva pléyade de notables, cuyos méritos aún están por verse, en lugar de ofrecer humildemente su dedicación al servicio público, se presente a sí misma como la 'generación infalible'.

Pienso que ya va siendo hora de que nuestro Gobernador se anime, en un par de tardes, a tomar unas lecciones breves de frustración y de desencanto, impartidas por alguno de aquellos 'fracasados' que hoy frisan los 60.

De no hacerlo, el Gobernador se expone muy seriamente a que sea la propia realidad la que le haga conocer (por primera vez, según él) el dulce sabor del fracaso, individual y colectivo.

Hay algunas señales en el horizonte que indican que el Gobernador ya ha metido los dedos en el frasco para probar la mermelada, lo que nos inclina a pensar que de líderes tan 'acertados' como él está llenos de cruces el gigantesco y silencioso cementerio de la política salteña.