El radicalismo salteño es, desde hace bastante tiempo, una olla de grillos. A pesar de su débil fuerza electoral y de una representación casi marginal en las instituciones del Estado, el viejo partido de Alem e Yrigoyen demuestra en Salta una vitalidad interna más allá de cualquier lógica. Mientras tanto, el romerismo crepuscular continúa siendo una fuerza política poliédrica, cuyo peor rostro aún está por ver, pero que sin embargo no da síntomas de querer allanarse, así por las buenas, al empuje del llamado urtubeysmo, que no es más que un cubil de fieras caídas del firmamento romerista al grito de ¡a rey muerto, rey puesto!
En este contexto de lucha peronista, las siglas de la UCR se han convertido en pieza de caza, tanto del urtubeysmo como del romerismo, bastando para ello comprobar que uno de los candidatos a presidir el radicalismo de Salta es el exdiputado Carlos Posadas, padre de dos prominentes espadas del actual gobierno de Salta, que son más urtubeystas que la propia madre del Gobernador.
Sectores de la juventud radical, en cuyo seno la figura del gobernador no provoca precisamente entusiasmos desmedidos, han denunciado ya el intento romerista de hacerse con el control del aparato salteño de la UCR.
Esta táctica no es nueva en el romerismo, pues sus raíces no sólo se hunden en el turbulento amanecer de sus balbuceos políticos, sino en viejas y más antiguas operaciones mercantiles y deportivas, que le llevaron a controlar desde sociedades anónimas hasta el mismísimo Club Central Norte.
La confusión es tal, que incluso se habla de que la UCR de Salta, no institucionalmente sino a través de dirigentes particulares, estaría manteniendo conversaciones con el diputado nacional Alfredo Olmedo, autocandidateado a Gobernador de Salta en una inverosímil fórmula junto al exgobernador Romero.
Copiando, no literalmente, sino con interesantes variaciones autóctonas, los peores vicios del partido de Perón, los radicales de Salta se disputan hoy -como lo hacen los peronistas casi desde siempre- los llamdos "galones de la primera hora", es decir, la condición de radicales "históricos" y escenifican con algún toque de histrionismo, de exageración expresiva, una competencia por ver quién se parece más al barbado Alem o al solitario Hipólito Yrigoyen.
Algunos mantienen la línea, pero otros, como buenos aspirantes a peronistas, siguen una trayectoria sinuosa que les lleva a jurar lealtades sucesivas a uno y otro lado del espectro ideológico, con una naturalidad que se podría calificar de asombrosa.
Mientras más alborotado está el patio radical, más se abren las puertas para el ingreso del caballo de troya romerista, aunque parece que algunos radicales deseperados ya por la pertinaz sequía de cargos que castiga a su partido desde hace un par de décadas, parecen estar haciendo la vista gorda a esta 'inclusión' y con guiños del juego del truco están invitando a pasar adentro a las fuerzas residuales del antiguo sultán, al grito de ¡Adelante radicales!