Transido de la emoción, después de haber entregado sesenta nuevas viviendas en la localidad fronteriza de Salvador Mazza, el Gobernador de Salta, Juan Urtubey, dijo que su gobierno "viene marcando historia en materia habitacional". La euforia del Gobernador, antes que despertar nuestra curiosidad por la historia de las viviendas en Salta, nos ha llevado a consultar el Diccionario de la Lengua, para descubrir que la palabra "habitacional" no se encuentra entre las que pertenecen a nuestro idioma.
A pesar de ello, la palabra utilizada por el Gobernador de Salta es bastante bien conocida en otras latitudes en las que se recurre con frecuencia a la utilización del eufemismo "soluciones habitacionales" para designar a cualquier apaño, cualquier parche, que permita a un ciudadano refugiarse debajo de un techo (albergues colectivos, casas para 'homeless', asilos, residencias, etc.) más que a las viviendas, entendidas éstas como las unidades "dignas" a que cualquier persona tiene derecho sólo por el hecho de ser tal.
La siguiente perla que nos ofrece el siempre rebuscado discurso del Gobernador es esto de "marcar" la Historia.
Repárese en que no se trata de "hacer historia", de "escribir la Historia" o de protagonizarla. Se trata de "marcarla", quizá como el patrón de estancia marca el ganado propio.
Pero lo de 'marcar' puede interpretarse también como un acto fallido del Gobernador, un desliz verbal que pone al desnudo su debilidad juvenil por marcar los libros de Historia en el colegio, una técnica bien conocida por quienes en lugar de estudiar profundamente la materia se dedican a encontrar atajos fáciles.
La política de vivienda del gobierno que Urtubey dirige con tembloroso pulso y rumbo más que incierto, dista mucho de ser una "política" en el sentido más sensato de esta palabra.
Tal vez por este detalle, es decir, por su naturaleza antipolítica es que los palos de ciego que el gobierno está dando en esta materia sean capaces en algún momento de dejar huella en nuestra historia.
No cabe ninguna duda de que el Gobernador y su equipo de entregallaves y entregacarpetas han hecho felices -momentáneamente- a muchas personas en los últimos dos años, han hecho sonreír a los niños y sollozar a los ancianos, pero estos felices nuevos propietarios no se han dado cuenta todavía de algunos pequeños detalles, a saber:
1) La lastimosa calidad de las viviendas entregadas, difícilmente homologable a la de las viviendas públicas que construyen otros gobiernos del mundo;
2) El altísimo costo político y económico (medido en términos de corrupción, de sobreprecios y de beneficios a empresas constructoras parasitarias del Estado). Un costo que no paga ni el gobierno ni las empresas sino esos pobres ciudadanos felices.
3) La deprimente política de urbanización, que convierte a barrios enteros de viviendas nuevas en viveros de marginalidad a años vista, al entregarse las viviendas, bien pintadas, eso sí, pero con un entorno urbanístico que nada tiene que envidiar a los peores ghettos sudafricanos.
Si esto es "marcar" la Historia, sería del todo preferible que el Gobernador dejara a la historia tal cual como está, sin marcas de ninguna naturaleza, y dedicara un tiempo a reflexionar serenamente sobre el futuro de nuestras ciudades, sobre el modelo de crecimiento urbano y sobre la necesidad de dejar de multiplicar, como si tuviese un mimeógrafo, esos "asentamientos de material" que sólo sirven para engañar a personas que, con escrituras y llave en mano, más que personas dignas son votantes seguros, votos cautivos, para la próxima elección.