La inquebrantable fe de la ministra Garré en la salvación de River

Nilda GarréLa Ministra de Seguridad de la Nación debe de haber apostado muy fuertemente en su fuero íntimo a que River conseguiría darle la vuelta al partido y ganarlo por más de dos goles de diferencia.

De otro modo no se entiende que el aparato estatal de seguridad no haya sido suficiente ni eficaz a la hora de prevenir, y luego de conjurar, el brote de violencia que se desató después del partido que enfrentó a River Plate con Belgrano de Córdoba en el estadio monumental de Núñez.

Solo los antecedentes que representan los episodios violentos registrados en Córdoba eran suficiente razón para que el dispositivo de seguridad fuese más fuerte y mejor organizado. Ya no digamos los antecedentes generales del fútbol argentino, en el que la violencia entre hinchas -y a veces entre jugadores- es moneda frecuente desde hace muchos años.

¿Acaso la ministra Garré no calculó que River podía descender, y pensó que esta desgracia deportiva se saldaría simplemente con algunas lágrimas de los hinchas, con gritos destemplados y con insultos hacia los jugadores y el técnico?

La posibilidad de que River descendiera y que el descenso consumado provocara hechos de violencia muy serios eran una misma cosa: un riesgo inherente, imposible de ignorar. No se trataba de cualquier equipo ni de cualquier hinchada ni de un azar deportivo normal. Es improbable que el gobierno no supiera todas estas cosas.

Por esta razón, salvo que la ministra diera por seguro que River iba a conseguir remontar el marcador, no se explica que las fuerzas de seguridad hayan actuado con tanta imprevisión, de medios, de tiempo y de sucesos.