Un comunicado estúpido para seguir haciendo el ridículo en el mundo entero

Canciller Héctor TimermanLa Cancillería argentina, con ocasión de la misión militar del Duque de Cambridge en las Islas Malvinas, ha emitido un comunicado que nos llena de vergüenza como argentinos y que revela el muy bajo estado de forma de la cúpula diplomática nacional.

En dicho comunicado, dice nuestro Canciller -esto es, el gobierno argentino- textualmente lo siguiente: "El Príncipe William llega a las Islas Malvinas como miembro de las fuerzas armadas de su país. El pueblo argentino lamenta que el heredero real arribe a suelo patrio con el uniforme del conquistador y no con la sabiduría del estadista que trabaja al servicio de la paz y el diálogo entre las naciones".

En primer lugar, una declaración de estas características -sobre todo teniendo en cuenta la alta autoridad de quien la emite- no puede permitirse el lujo de incurrir en obviedades como la de que el príncipe William llega a las Islas Malvinas "como miembro de las fuerzas armadas de su país", circunstancia que es por todos conocida.

Pero aun más allá de su obviedad, la frase es equívoca e induce a confusión, por cuanto da a entender que el repudio del gobierno argentino a la presencia del príncipe William obedece al carácter militar de su visita a las Islas. Lo deseable sería que el gobierno nacional repudiara igualmente la visita del Príncipe, aunque éste llegara a las Malvinas como un simple ciudadano británico de a pie.

En segundo lugar, es sorprendente que la Cancillería argentina hable sobre este asunto en nombre del "pueblo argentino", que no ha sido consultado al respecto, ni directamente ni a través de sus legítimos representantes. En todo caso, el comunicado debió limitarse a decir "el gobierno argentino".

En tercer lugar, es inconcebible que el Canciller argentino aluda al príncipe William como "heredero real", cuando todo el mundo sabe que quien ostenta tal condición es su padre, el Príncipe de Gales. Su hijo primogénito es, en realidad, el segundo en la línea de sucesión en el trono. Es decir, que no es ni será "heredero real" sino hasta que su padre esté en condiciones de transmitirle estos derechos.

En cuarto lugar, llamar "suelo patrio" al territorio argentino es un recurso de una singular pobreza dialéctica, que puede valer para la retórica interna, pero no para el lenguaje diplomático, y menos aún en un comunicado dirigido al mundo anglosajón.

En quinto lugar, decir que el príncipe William llega a las Malvinas con el "uniforme del conquistador" es una exageración histórica y un error político mayúsculo. No solo porque el Príncipe vestirá un uniforme normal de su ejército, sino porque su visita no forma parte de una operación de "conquista" en el sentido más estricto de esta expresión.

Al contrario, nuestra Cancillería debió poner de manifiesto el carácter "colonialista" y "agresivo" de la misión militar británica de la que participa el Duque de Cambridge, y, en cualquier caso, la carga negativa que supone este poco amistoso gesto para las esperanzas de una solución pacífica a la controversia sobre la soberanía de las Islas.

Por último, es absurdo que el gobierno argentino lamente que el príncipe William no posea "sabiduría de estadista". El hijo de la princesa Diana no es Winston Churchill ni aspira a emular su talla de hombre de Estado. Por otra parte, no poseen tal sabiduría de estadista ni su padre el Príncipe de Gales, ni su abuela la Reina, ni los Windsor desde hace varias generaciones. Y aunque la poseyeran, mal podrían ejercerla, entre otros motivos, por el carácter meramente simbólico y representativo de la monarquía británica, desde hace siglos.

En síntesis, que si la disputa por las Islas Malvinas debiera resolverse por la calidad de los papeles y las palabras de los respectivos aparatos diplomáticos, mucho me temo que a la Argentina le queda un largo camino que recorrer para alcanzar sus legítimos objetivos.