Sobre ladrones de libros y escritores cobardes

La escritura en el año 1971A lo largo de mi breve y probablemente ya agotada afición por la escritura, muy pocas veces me he permitido adornar mis escritos con citas de otros autores, sean estos más o menos célebres. Procurarse una autoridad propia en base a la autoridad ajena siempre me ha parecido un ejercicio de pedantería literaria, cuando no una forma muy poco elegante de dejar al descubierto la debilidad propia.

En esta luminosa mañana de enero, venciendo al dolor y a la debilidad propia, haré una notable excepción. Será para transcribir dos párrafos del escritor extremeño Javier Cercas, quien domingo de por medio publica su columna "Palos de Ciego" en la revista El País Semanal. La de este domingo se titula "La Frontera Final".

Dice Cercas: "De un tiempo a esta parte veo que hay escritores que alardean de robar libros en las librerías. A veces da incluso la impresión de que, para algunos, no puedes ser un auténtico escritor si en tu vida has robado en una librería, como si robar libros fuese una demostración radical de amor por la literatura. Si es un chiste, no lo entiendo; si no lo es, tampoco. Dudo que haga ninguna falta demostrar amor por la literatura, a menos que no lo sientas, pero se me ocurren muchas formas de hacerlo sin joder a un librero (por no hablar del editor o el distribuidor o el propio escritor): conozco a muchos libreros que sudan sangre para sacar su negocio y su familia adelante, y a uno que se arruinó en el empeño. ¿Dónde está la gracia de robar a esta gente? ¿No es una indecencia hacerlo?".

En otro párrafo, más o menos desconectado del anterior, el autor de "Anatomía de un Instante" dice: "Hace un par de años publiqué un libro sobre el día más decisivo del Rey en el que no me dedicaba a echar incienso sobre el Rey, y la pregunta que más me hicieron los periodistas fue si en algún momento me había mordido la lengua, si no había tenido miedo de escribir lo que escribí. Mis respuestas fueron dos: una es que como persona soy razonablemente cobarde, pero como escritor no puedo permitirme ese lujo, porque un escritor cobarde es como un torero cobarde: mejor que cambie de oficio; otra es que yo creía vivir en un país libre".

Como muchos de los lectores y visitantes de este sitio conocen, vivo en el mismo país libre en que vive el señor Cercas y disfruto hasta donde puedo de la libertad de pensar y de escribir, que probablemente sean las únicas que ejerzo de verdad. Al igual que el escritor español, soy una persona razonablemente cobarde y a veces me reconozco irrazonablemente cobarde, excepto quizá para escribir.

Aunque no soy escritor de oficio, experimento un desprecio siempre menor por los escritores que, habiendo abrazado la misma libertad que yo -o que dicen haberlo hecho-, son valientes para escribir lo suyo y cobardes para asumir los escritos de los demás. Desprecio, todavía menos, a quienes pretenden erigir fronteras jurisdiccionales a la libertad o ponerle tranqueras a Internet, y que por asegurarse prebendas menores del poder niegan a los demás -en particular a mí- el derecho de expresar sus ideas en libertad.

Podrán quedar más o menos fuerzas en el cuerpo, más o menos talento en el alma, más o menos letras en el tintero. Pero mientras exista la libertad y ella me siga contando a mí entre sus adeptos, mientras existan personas justas y la idea de justicia no se extinga, seguiré creyendo que el amor por la literatura no justifica ningún expolio; y no me morderé jamás la lengua para asegurar la vejez rentada de nadie. Ni siquiera -como hace Cercas- la del mismísimo Rey de España.