Millones de pesos gastados por el gobierno de Romero, y otros tantos que hincharon las arcas de una conocida empresa de transporte, se fueron en solo un minuto por el tagarete luego de que el Ministro de Gobierno de Salta, señor Julio César Loutaif, admitiera en público que en la ciudad "hace falta una nueva terminal". El funcionario deslizó este preocupante juicio en un programa de radio que se emite en nuestra ciudad; y si bien justificó la necesidad de construir una terminal nueva "porque la actual ya le queda chica a Salta", nada dijo acerca de la enorme irresponsabilidad que supone haber construido, hace menos de siete años, un edificio que ya no sirve.
La crisis institucional y empresaria provocada por el hundimiento del suelo de la Terminal es ya casi tan grande como el agujero que quedó después del derrumbe.
La diferencia entre ambos "agujeros" estriba en que mientras el cráter físico, por un milagro, no se tragó a nadie, el cráter institucional amenaza con tragarse a los responsables de un gigantesco negociado, y también con sacar a la luz las aristas más oscuras de una operación que, entre sus múltiples defectos -ahora se sabe- estaba basada en una ingeniería muy endeble.
El ministro Loutaif intentó, no obstante, echar balones fuera diciendo que su gobierno va a colaborar con la Municipalidad "en todo lo que haga falta para poner en condiciones a la Terminal de Ómnibus de Salta". Pero al decir esto, el funcionario dejó claro, una vez más, que será el Estado -o sea, todos los salteños- el que con sus recursos reconstruirá la Terminal, y no la empresa privada que la explota ni la que en su día construyó el defectuoso edificio.
Loutaif, finalmente, cuestionó otros aspectos de la obra inaugurada en 2005 al decir que la nueva Terminal que necesita Salta debe estar emplazada "en un lugar de acceso rápido", dando a entender con esta apreciación que el emplazamiento actual -al pie de los cerros y sobre un canal de desagüe pluvial de grandes dimensiones- tampoco era, hace siete años, el adecuado para las necesidades del tráfico de autobuses en la ciudad capital de la Provincia.
Ni el gobierno, ni la Municipalidad, ni la empresa privada a cargo del edificio han hecho ningún esfuerzo por explicar por qué motivo un edificio nuevo ha caído tan rápidamente en la obsolescencia.
Nadie quiere hacerse cargo de la falta de diligencia y previsión, entre otros motivos, porque un "pase de factura" entre los diferentes protagonistas de la historia, podría colocar sobre el tapete otras operaciones que se realizaron cuando la relación entre el gobierno peronista de Salta y el holding privado alcanzaron su cénit.