María Inés Diez, la ministra metiche

María Inés DiezLa Ministra de Justicia del gobierno provincial, señora María Inés Diez, sigue adelante con su ronda de contactos con familiares de víctimas de delitos graves aún sin resolver.

Ayer, sin ir más lejos, ha recibido en su despacho a los familiares de Maximiliano Zapana, Juan Carlos Hannawy y Sabrina Berton, todos ellos muertos de forma violenta en circunstancias aún no esclarecidas, o todavía no resueltas adecuadamente por la justicia provincial.

Según el gobierno, los parientes de las víctimas han salido satisfechos de su encuentro con la ministra Diez, pero según declaraciones de la propia funcionaria a un canal de televisión de Salta, "ella no puede hacer nada" para que la investigación penal avance, pues ésta se halla en manos de la Justicia, y ella lo único que puede hacer -desde su exquisito respeto por la independencia de poderes- es escuchar a los familiares de las víctimas.

La información oficial del gobierno se encarga de remarcar otra vez que la ministra pocas muy cuerdas puede tocar en estos asuntos: "lo único que desde el Poder Ejecutivo podemos hacer es acompañarlos en el proceso, siendo siempre respetuosos del proceder del Poder Judicial y la independencia de poderes", ha dicho Diez.

Es decir, que lo que se ha propuesto la Ministra de Justicia es una tarea de "contención" y de "acompañamiento en el proceso", como una forma elegante de salir al paso de las marchas y manifestaciones que claman por una mayor eficacia del aparato judicial.

Pero la ministra es muy amiga de meterse justo donde no la llaman, y así lo ha demostrado recientemente en el caso de los menores franceses secuestrados por su madre en Salta, asunto en el que la señora Diez fue a por lana y salió trasquilada.

En efecto, las meteduras de pata de la funcionaria son ya antológicas, no solo en el sonado caso de los niños franceses, sino también en el tratamiento extrajurídico y extraprocesal que está dando a los familiares de las víctimas de delitos graves.

Todo indica que la ministra -celosa defensora de las bondades de la mediación- considera que esta actividad es incluso posible en los casos penales, solo que como no puede intentar mediar entre las víctimas y los delincuentes, porque la ley lo prohibe, intenta por todos los medios avenir a los parientes de las primeras con los jueces y fiscales.

Así las cosas, cualquier problema que ande suelto por Salta es susceptible de caer en las poderosas garras mediadoras de la ministra, empeñada en ir al encuentro de los problemas (cual pirpinto que busca el radiador) y en entrometerse en aquéllos aun sabiendo que no va a poder solucionarlos.

Sería muy bueno que la ministra Diez, en un gesto de humildad gaucha, mostrara más respeto por los problemas ajenos y que se diera cuenta que su falta de competencias (y de competencia) es un problema en sí mismo y no la solución a otros.

Meterse por meterse lo hace cualquiera. La ministra Diez ha demostrado que su mayor talento consiste en abordar la conflictividad social, aun la más aguda y compleja, con las herramientas teóricas de una buena vecina indiscreta.