'Es un sentimiento... no puedo parar'

El sentimiento de la hinchadaSi errar es humano, perdonar es divino y rectificar es de sabios, persistir en el error es síntoma revelador de una preocupante estupidez.

La frase de Quevedo "bien acierta quien sospecha que siempre yerra", resulta del todo inaplicable cuando las decisiones políticas equivocadas surgen de un poder que ha sido edificado sobre la pasión, sobre el sentimiento, y no sobre la razón.

Es muy simple: Quien gobierna dejando de lado la razón, no tiene razones para sospechar que siempre yerra. Al contrario, por lo general piensa que acierta siempre, porque así generalmente se lo indica el termómetro de la pasión.

¿Por qué un gobierno como el de Salta se empeña en persistir en el error?

La respuesta a esta complicada pregunta se halla en dos lugares muy pocos visitados por los políticos: la poesía de Manuel J. Castilla y los cánticos de los hinchas de fútbol.

El barbado vate cerrillano dijo alguna vez: "Mi sabiduría viene de esta tierra", línea que algunos interpretaron mucho más allá de su sencilla formulación original.

Muchos salteños creyeron que la sabiduría -el grado más alto del conocimiento- se alcanza mediante el simple expediente de entablar relación con nuestra tierra; con esta tierra, fértil y soleada, pródiga en frutos, pero que, paradójicamente, no ha producido jamás a sabio alguno.

Los hinchas del tablón, sin quererlo, han hallado las claves filosóficas del movimiento continuo al declarar aquello de "es un sentimiento... no puedo parar...". Dicho lo cual, siempre que las acciones humanas obedezcan a "un sentimiento" resulta imposible detenerlas.

Por eso, cuando el poder político no ha sido construido por ciudadanos libres sino por "hinchas" (o militantes, que es prácticamente lo mismo), no hay razones para que el gobierno que lo ejerce actúe de otra forma que movido por "un sentimiento" de esos que "no se pueden parar".

Porque si el gobierno, que ha sido elegido por "el sentimiento", decidiera guiar sus pasos por la razón, estaría traicionando a la hinchada (o a la militancia, que es prácticamente lo mismo).

Conclusión: Dado que la sabiduría viene de esta tierra (probablemente también del vino y de las cacharpayas) pero nunca de la inteligencia humana y del esfuerzo por alcanzar las más altas cotas del conocimiento; dado que el poder político es "un sentimiento" que no se puede parar, los errores persistentes del gobierno del señor Urtubey son virtualmente inevitables.