Leer los diarios de cada día, ver o escuchar los programas de televisión y/o radio en los que se publican y transmiten reportajes, entrevistas u opiniones de quienes representan o aspiran representar a vastos sectores de la sociedad, resulta francamente preocupante. Desde la Presidente de la Nación y su entorno, siguiendo con los principales referentes de la llamada “oposición”, gobernadores, ministros, dirigentes sindicales, industriales y rurales; legisladores en general y de otros sectores, periodismo incluido, exhiben (con muy contadas excepciones) confusiones conceptuales graves y carencias intelectuales afligentes.
El lenguaje burdo, muchas veces soez, que acude al modismo de turno, al lunfardo o al agravio liso y llano para disimular carencias de vocabulario e ideas, es moneda corriente y casi generalizada en nuestra dirigencia.
No sería esto lo más criticable si de sus opiniones pudiéramos rescatar, propuestas integrales, ideas creativas y novedosas, proyectos concretos o principios definidos por lo menos pero, solo encontramos un enorme vacío, la letanía enervante y hueca de siempre impregnada de voluntarismo insustancial para salir del paso.
Por su parte, “los medios”, contribuyen también con los dramas de cada día, se llamen asesinatos, secuestros, asaltos a mano armada o accidentes de tránsito y cuando de TV se trata, el estado del tiempo cada cinco minutos como salvavidas de noticieros repetidos.
Saltando los programas degradantes, algunos con record de audiencia, tanto Diarios como Canales (con las excepciones ya salvadas), priorizan los temas ligeros, el chisme confrontativo, la coyuntura efectista o el dicho puntual. Felizmente, todavía quedan buenas plumas y programas de opinión serios que levantan el nivel de los medios citados. Ojala fueran estos los que privaran en las preferencias públicas pero, lamentablemente, sabemos que no es así.
Argentina, nuestro país, transita las vísperas de una nueva elección presidencial la que, supuestamente debiera ser, razón fundamental y convocante para que la ciudadanía renueve su esperanza eligiendo con su voto a la opción superadora de su preferencia. Pero en esta oportunidad, con los candidatos ya ungidos, ¿Cuál es el proyecto de país, el plan de gobierno que propone cada uno, con singularidades propias que los diferencie como alternativas válidas frente al elector?.
El kirchnerismo en el poder promete profundizar su “modelo” el que, hasta la fecha y durante ocho años consecutivos, ha tenido como ejes centrales de su aplicación, a la corrupción generalizada, la ineptitud comprobada, la confrontación y el apriete como sistema, el pisoteo de las Instituciones, el incumplimiento de la Constitución y las leyes, la desobediencia judicial, la compra de voluntades y el clientelismo, los sobreprecios y la coima, la mentira y la trampa, la inseguridad jurídica, el aislamiento internacional de la Nación como no había ocurrido nunca. ¿Cómo será “profundizar” todo eso?; solo imaginarlo basta para saber de lo que se trata y al desastre que nos llevaría.
El abanico de opositores o la mal llamada “oposición” por su lado; ¿qué propone a la ciudadanía?. Salvo la Coalición Cívica, que al menos presentó las líneas generales de un plan de gobierno (que casi nadie conoce, dicho sea de paso) y es desde siempre la denunciante frontal de los actos de corrupción del kirchnerismo, los demás candidatos transitan por las generalidades de su discurso en el que, paradógicamente, coinciden casi todos.
Basta un leve análisis para encontrar en aquellas expresiones el denominador común del diagnóstico repetido, junto a la promesa de solución y cambio, sin señalar ninguno el camino concreto para lograrlo.
Institucionalidad, inflación, seguridad, salud, educación, federalismo, etc. son los trillados caballitos de batalla con que todos se presentan en escena frente a los ciudadanos, pero cuando llega el turno de aclarar, como, con quien y cuando, las respuestas hacen agua por todos lados y naufragan en el mar del voluntarismo.
La mediocridad, por ser benévolo, se mueve a sus anchas entre la dirigencia pública y sectorial. Hace mucho que reclamamos un PROYECTO DE PAÍS que seduzca y convoque a los argentinos; que sea para todos y de todos; que considere la Argentina como Nación y no como distrito electoral; que deje tranquilo al pasado ya irreversible y apunte a un futuro mejor y posible; que restaure la República y galvanice la identidad nacional; que devuelva la esperanza el orgullo y la dignidad general; que Garantice los derechos individuales y exija el complimiento de los deberes constitucionales. En fin; un proyecto que bajo el imperio de la ley, nos saque del lodo y de las miserabilidades de hoy haciéndonos levantar la mirada, archivar los complejos y retomar los valores del trabajo, la educación y la decencia que nos legaron los fundadores de nuestra Nación, hoy casi desconocidos por las nuevas generaciones.
Por ahora, estas esencialidades parecieran una utopía.