Quisiera comenzar estas breves líneas advirtiendo al respetable que la asistencia puntual a las misas en memoria de Eva Perón (a pesar de algunos curas que se negaban a celebrarlas), el rescate y limpieza de sus retratos (por entonces considerados de "tenencia peligrosa") y las discusiones (mayormente serenas) con ciertos personajes que denigraban su figura, fueron actividades a las que quien esto suscribe se dedicó con devoción durante buena parte de su infancia y adolescencia. Por haber nacido seis años después de que Evita falleciera, no tuve ocasión sin embargo de asistir a ceremonias "de Estado" en su memoria. Aunque si las hubiese tenido, seguramente me habría opuesto a ellas, como me opongo ahora, y como se opuso mucha gente sensata a la que conocí, cuando en 1952 el gobierno de Perón decretó el luto obligatorio.
Evita es un símbolo partidario y una pieza clave de la historia argentina, como lo es sin dudas también Perón, pero ninguno de ellos puede ni debe ser símbolo del Estado argentino, como tampoco pueden serlo los símbolos o las figuras de ninguna parcialidad política o religiosa.
Seguramente hace bien el Gobernador de Salta en asistir al homenaje a Evita en un nuevo aniversario de su fallecimiento, y mejor todavía en dedicarle unas emocionadas palabras. No en vano el hombre preside el partido político que tiene a Eva Perón como uno de sus símbolos más venerados.
Tampoco estaría mal que a dicho acto hubiera asistido el Gobernador como tal Gobernador y no solo como presidente de un partido político.
Lo que realmente no entiendo es por qué razón el acto de homenaje a Eva Perón ha sido reseñado profusamente (2.702 caracteres) en el parte de prensa oficial del gobierno de Salta, cual si fuese aquel un acto de estado o un acto de gobierno del que hubiera obligación de informar.
Mejor dicho, sí lo entiendo, pero no lo justifico y, menos aún, lo apruebo.
Las razones que tiene el aparato gubernamental de prensa para hacer propaganda justicialista son sobradamente conocidas. No es necesario ser un experto para comprenderlas. Se acercan las elecciones y se sabe que la nutrida parroquia peronista es muy sensible a este tipo de acontecimientos. Los expertos y expertas en "prensa de instituciones" lo saben y operan en consecuencia, aunque algo me dice que estos profesionales (y profesionalas) están más interesados/as en ensalzar la figura del Gobernador que la de Evita.
Aun así, sigue siendo una bofetada a la democracia, a la igualdad de los partidos y a la transparencia electoral, que de estos asuntos se ocupen funcionarios públicos o personal contratado a sueldo del Estado y con recursos del Estado y no los locuaces voceros de prensa del Partido Justicialista de Salta, aunque en muchos casos se trate de las mismas personas.
Me pregunto si el gobernador Urtubey es consciente del daño que a su imagen, a los intereses de su partido y a los del Estado provocan las actitudes ambiguas y antidemocráticas de quienes, teniendo el deber de asegurar el derecho constitucional de acceso a la información, se dedican en realidad a esculpir su imagen pública.
Lo peor del caso es que esta pequeña intromisión totalitaria podría hacer que alguna gente se confunda y que piense que el culto histórico o partidario a Eva Perón ha vuelto a ser un "culto oficial del Estado".