Calamaro, primera víctima del 'proselitismo' de Zaffaroni

Ya es mucho pedir que los músicos interpreten fielmente las partituras. No se les puede pedir, bajo ningún concepto, que además de negras y de corcheas, interpreten las sentencias judiciales. De algún modo tienen derecho a entenderlas y practicarlas "de oído", porque no son profesionales en el asunto, si bien en materia de cumplimiento de las normas es más vieja que el quitupí la máxima que dice que "la ignorancia del Derecho no excusa de su cumplimiento". Calamaro, honestidad brutalEn el "ambiente" ya se venía calculando que algún chorlito iba a caer muy rápido en la trampa tendida por el fallo de la Corte. El que tenía todas las papeletas compradas era el músico Andrés Calamaro, que ya fue procesado -si bien luego absuelto- en 2004, después de vociferar en un multitudinario recital, muy suelto de cuerpo, una frase similar a: "linda noche para fumarse un porrito".

Claro, cualquiera que hubiera sido absuelto por semejante arrebato de sinceridad (de "mono" que le llaman en otras latitudes) y que después se sientiera liberado y deshinibido por una lectura superficial del fallo de la Corte, el siguiente paso que daría sería no ya anhelar sino fumarse efectivamente un porrito delante de su auditorio.

Esto, al parecer, fue lo que hizo el sagaz Calamaro, tras apagar la radio en el mismo momento en que el juez Zaffaroni hablaba del "proselitismo" como límite para el uso de la libertad que concede el fallo de la Corte. Ni lerdo ni perezoso y haciendo caso sólo a sus vísceras, Calamaro se fumó el deseado porrito en público, durante el concierto que ofreció durante la presentación de un libro en el Club Estrella de Maldonado, en el barrio de Palermo de Buenos Aires.

El músico no se limitó a encender el porrito y darle algunas caladas, sino que -cual Zaffaroni del rock vernáculo- "habló" del asunto, tal vez no como experto jurista sino como avezado consumidor.

Por supuesto, no tardaron en denunciarle ante el juez federal Norberto Oyarbide, por un delito de apología del consumo de estupefacientes. Las imágenes de Calamaro fumando han sido reproducidas en diarios, revistas y en la televisión. El rockero se expone a una pena de prisión de 2 a 6 años.

"El reciente fallo de la Corte determina que no es delito la tenencia de marihuana para consumo personal en un ámbito reservado, fuera de la exposición pública", explicó el abogado penalista Eduardo Gerome. Y agregó: "Fumar un cigarrillo en un club, delante de público, fotógrafos y camarógrafos, luego de hablar sobre la despenalización de la marihuana, puede interpretarse como un mensaje a favor de su tenencia y consumo en lugares públicos".

Calamaro no tiene por qué saberlo. Es más, una persona que piensa que "Maradona no es una persona cualquiera, es un hombre pegado a una pelota de cuero" demuestra en todo momento que no tiene por qué (ni con qué) saber nada, de nada. Tal vez este vacío intelectual sea el mejor argumento de la futura defensa del cantante que, como se aprecia, no está en condiciones de apreciar la criminalidad de sus acciones. El otro argumento que podría utilizar es aquel de "la guitarra no se mancha", pero éste ha perdido toda originalidad desde que otro conocido, si bien arrepentido, consumidor lo empleó en plena cancha de Boca.