Cuando el gobernador y sus ministros ejercen de 'disertantes'

Si pensamos en la comunicación pública como un imperativo democrático, es decir, si valoramos la exposición pública de los representantes políticos como la concreción del derecho ciudadano a la información y de la correlativa obligación gubernamental de dar publicidad a sus actos, nos damos cuenta en seguida de que no todas las apariciones de los gobernantes están orientadas a cumplir con aquel imperativo. Si tomamos en cuenta la práctica de moda, que consiste en que el gobernador y sus ministros no hablen en los lugares a donde se presentan, sino que "diserten" sobre variados temas, nos veremos forzados a admitir que muchas de aquellas apariciones sólo persiguen el propósito (dudosamente democrático) de "formar la imagen" del personaje, o el aún menos democrático de satisfacer sus deseos de figuración en ámbitos que proporcionan una alta estima social pero que no forman parte de los dominios usuales de la política. Urtubey y una disertación al aire libreEn rigor de verdad, el actual gobernador de Salta y sus ministros están muy poco preparados para "disertar" sobre nada. Quitando algún caso aislado, ninguno se ha destacado como científico o académico en ningún área particular del conocimiento. Pueden estar -y de hecho lo están- preparados para hablar generalidades sobre diferentes temas, para dar charlas, para montar mítines o para dirigir coloquios, siempre que en ellos predomine la informalidad y el auditorio sea bastante benevolente con la falta de rigor, tanto en las formas (el lenguaje) como en el fondo (la materia sustantiva).

La tarea de un gobernante es gobernar, no disertar. Pero si por alguna de esas casualidades cósmicas, confluyeran en una misma persona las cualidades del gobernante y las del experto, cuando el gobernante se enfrenta al reto de "disertar", esto es, frente al dilema de escoger entre la temeridad y la soltura de formas del político y el rigor del experto, por lo general elige esto último, es decir, que a la hora de razonar detenida y metódicamente sobre algún tema, lo hará como experto en una materia determinada, sin hacer concesiones al facilismo. Ni el actual gobernador ni sus colaboradores más estrechos son capaces de hacer esto. Es decir, no son capaces de "disertar", por más estrados tapizados con ponchos y micrófonos que se les pongan por delante.

Así, el gobernador no puede "disertar" sobre la pobreza, porque aunque imaginemos que sufre en carne propia el fenómeno, no como pobre, sino como gobernante, a algunos no nos conformaría otra disertación sobre la pobreza que no fuese la de Amartya Sen o de un experto de una estatura intelectual similar. Tampoco es capaz "disertar" el Ministro de Gobierno sobre seguridad y menos aún el de Trabajo sobre desempleo y trabajo infantil, ya que el currículum de ambos demuestra que sus inquietudes intelectuales -si es que alguna vez han tenido alguna- están bastante lejos de unos temas sobre los que jamás han escrito una línea.

En suma, que disertar es una actividad muy seria, que no está al alcance de cualquiera. No cualquier persona que habla en un coloquio, taller, seminario, acto público, sesión parlamentaria, academia o congreso "diserta" en sentido estricto, sino sólo cuando lo hace con rigor metodológico y conocimiento profundo de la materia sustantiva, y además cuando la exposición es razonada y completa. Tampoco diserta propiamente quien, al momento de exponer una materia, es responsable de un gobierno. Podrá disertar Bill Clinton sobre la política exterior de su gobierno, pero mal podría hacerlo Barack Obama sobre el mismo tema, siendo el presidente vigente, por mucho que sus méritos intelectuales sean bien conocidos, a menos, como se ha dicho, que su sabiduría alcance para despojarse de su investidura de mandatario y sea capaz de exponer sobre la materia con objetividad.

Tampoco existen las "disertaciones" sin tema. Es usual leer en la prensa local que "el gobernador disertará en el Coloquio de Idea" o "el gobernador disertará en la XV Conferencia Industrial", sin mencionar, siquiera aproximadamente, la materia de la disertación. El gobernador puede -y de hecho lo hace- improvisar un discurso (así le va también), pero confundir un discurso más o menos protocolar con una "disertación" es un error de los que sólo el gobernador y sus acólitos están dispuestos a cometer con el mayor de los gustos.