En la mayoría de los casos resulta inútil utilizar "ahora" antes de la oración. El adverbio no le añade ni más actualidad ni más significado paradojal a determinada acción. Por tanto, si se titulara "Aníbal Fernández admite que Antonini visitó la Rosada", el lector comprendería igual lo que se le quiere comunicar.Exactamente lo mismo sucede con titulares como "Ahora el gobierno dice que gravará la tecnología importada"; "Ahora Kirchner quiere volver a presidir el PJ"; o "Ahora los médicos dicen que Sandro se recupera favorablemente". Quítese el "ahora" y se comprobará que el sentido del titular no cambia en lo más mínimo.
Este uso poco elegante de "ahora" sólo se entendería y justificaría si a cada titular agregásemos la pregunta "¿En qué quedamos?". Por ejemplo: "Ahora Maradona convocó a Cambiasso. ¿En qué quedamos?"
El "ahora" trasunta subjetividad y porta un juicio previo de congruencia de las acciones de una persona o de una institución que encubre la intención de predisponer mal al lector respecto de los cambios o de los giros en la línea de conducta de alguien.
Es sabido que ciertos periodistas acostumbran a erigirse en jueces de la congruencia de las personas, sacando a relucir declaraciones, acciones, pensamientos o ideas pasadas de algún personaje para descubrir en ellas profundas contradicciones con sus declaraciones, acciones, pensamientos o ideas presentes.
Ese periodismo no tiene en cuenta que los seres humanos -sobre todo cuando ejercen su libertad sin cortapisas- tienen todo el derecho del mundo a contradecirse. La congruencia es sólo un valor coyuntural y relativo que cede cuando el ser humano cambia sus ideas o su forma de obrar en busca de la verdad y del bien. Algunos tienen la suerte de poder acometer esta búsqueda sin incurrir en contradicciones visibles; otros, por el contrario, se ven obligados a dar giros bruscos que dejan al descubierto sus contradicciones e inconsecuencias. No hay razón para que a estos haya que penalizarlos con un "Ahora".