Quizá estemos pidiendo demasiado a unos políticos que se sienten muy cómodos así como están, sin que nadie los someta a "pruebas escritas", uno de los lances más odiosos de la enseñanza secundaria, sobre todo cuando las pruebas son sorpresivas. Comodidad acentuada por el hecho de que aquellos de nuestros políticos que han pasado por la universidad, en su gran mayoría han aprobado sus materias (cuando las han aprobado) en exámenes orales y muy pocas veces, por no decir casi ninguna, han debido enfrentarse al reto de escribir "papeles" científicos.No creo que sea oportuno analizar aquí las razones por las que a nuestros políticos y altos cargos públicos no les ha sido concedido el don de la escritura. Para ello tendríamos que echar mano de complejísimas teorías de química neuronal que no están a nuestro alcance.
El problema no está en el lado de la demanda sino en el de la oferta. El político ágrafo dispone en Salta de una desusadamente amplia oferta de micrófonos; algunos gratuitos, otros de pago, que sirven de alivio y de ortopedia para esa tara congénita, pero que también constituyen una invitación y un estímulo para no escribir y abandonarse a la sensualidad de las "palabras que vuelan" (verba volant, scripta manent).
La mayoría de los políticos sería incapaz de mostrar al gran público, por lo menos no sin experimentar vergüenza, la bandeja de salida de su programa cliente de correo electrónico.
Todo esto comenzó -cómo no- con la misma democracia en 1983 y con el único objetivo de permitir al primer gobernador democrático -que hay que admitir respetuosamente que no era demasiado "léido"- darse a conocer y, sobre todo, machacar a sus oponentes.
Pero como los oponentes de aquél eran huesos duros de roer, el mismo personaje propició la apertura de cada vez más y más micrófonos. Y al no haber por entonces en Salta personas preparadas para hablar por esta enorme cantidad de nuevos micrófonos, el mismo gobernador alentó y financió la importación y el desembarco en Salta de algunos señores que llegaron a nuestros valles con la encomienda de "fusilar civilmente" a sus opositores. Alguno de estos forasteros echó raíces en Salta; otros volvieron por donde vinieron después de cobrar su paga, disminuida en varios gramos, por razón de su poca puntería, ya que muchos opositores a aquel gobernador aún siguen con vida y gozan de una salud envidiable.
Por aquellas épocas nació en la Maternidad Luisa Bernal de Villar de Salta una niña sin padres conocidos, a la que la beneficencia bautizó con el nombre de Raquel Amparo Federal Gómez. La niña hoy cuenta con 26 años y es señalada unánimemente como la responsable del funcionamiento semiclandestino de una enorme cantidad de emisoras de Frecuencia Modulada que funcionan en Salta y que están abocadas de lleno a influir en el juego político.
Amparo mantiene relaciones afectivas y de las otras con varios "notables del micrófono" que gozan de sus favores. Ella, a cambio, se encarga de hacerles creer que sus emisiones, plagadas de ondas espurias, estacionarias, de interferencias y otros graves defectos de modulación, vienen santificadas desde El Vaticano o desde la cercana Ginebra, donde funciona la Unión Internacional de las Telecomunicaciones.
Cuando un político ha nacido ágrafo, es decir, incapaz de escribir, sucede algo parecido a lo que experimenta aquel que ha perdido un sentido y desarrolla otro de forma extraordinaria. Así pues, como se dice que un ciego tiene "oído de tísico", el político ágrafo desarrolla increíbles habilidades verbales y por ello suele aferrarse al discurso hablado con uñas y dientes, como una fiera, ni más ni menos. Sabe perfectamente que fuera de él ya sólo existe el lenguaje de las señas y las "vías de hecho" puras y duras.
Por esta razón es que Amparo Federal y los notables del micrófono han desplegado una vasta red en la que se halla atrapada la mayoría de los políticos y funcionarios conocidos, que necesitan de los micrófonos para suplir sus carencia de habilidades con el teclado o la lapicera. Ellos ponen los micrófonos y les garantizan orejas que les escuchen. Pero ¡Cuidado con no atender el teléfono cuando llama "la producción"! Amparo y los notables son capaces de despellejar a uno vivo sin que uno se entere. Siempre es mejor llevarse bien con ellos que caer en sus poderosas mandíbulas.
Ahora se ha difundido la moda de que cada exabrupto que ciertos políticos con fijación oral lanzan desde las radios bendecidas por la señora Amparo Federal se traslada casi inmediatamente a la web. Es decir, que la superficialidad, la irreflexividad y el mal gusto, que a veces sólo es tolerable en la radio y como pasajero flatus vocis, va invadiendo silenciosamente la web y haciendo creer al mundo que la política de Salta se desenvuelve bajo mínimos intelectuales y morales.
Cualquiera que no conozca las "reglas no escritas del medio" y acceda a una de estas webs que se encargan casi exclusivamente de desgrabar y transcribir programas de algunas radios de Salta, está expuesto a entrar en pánico y a solicitar a la Presidente de la Nación la urgente intervención federal de la Provincia de Salta, pero no ya por cuestiones políticas o económicas, sino por estrictas razones de salud mental.
Pero no todo es tan catastrófico.
En teoría, bastaría con que los ciudadanos exijamos con firmeza a nuestros políticos un mayor nivel en sus debates e intercambios, así como en la comunicación pública, sea en las radios, en los periódicos o en los afiches con que se promocionan. Nadie puede prohibir a los políticos atender a las radios y usar de ellas como plataforma de expresión, pero va siendo hora que tanto unos como otros se planteen la necesidad de elaborar un código autorregulatorio para hacer más transparente la comunicación y evitar, por lo menos, las injurias y la crispación artificial.
Bastaría también con exigir, desde la misma responsabilidad ciudadana y con idéntica firmeza, que los comunicadores profesionales utilizaran sus webs para escribir artículos originales y no sólo para replicar, como si fuesen fotocopiadoras, las opiniones que vierten al aire. Y que, además, utilizaran sus micrófonos con responsabilidad, con criterio de servicio público y no sacrificaran la objetividad y la moderación por mandatos ideológicos o por venalidad política.
Los medios de comunicación no tienen derecho a crear un clima de crispación política que no existe en la realidad; menos aún, cuando los ciudadanos sospechan que son los mismos medios los que pescan provechosamente en el río que han contribuido a revolver.