Con los mismos argumentos y tal vez mayor credibilidad que la de Matus, mañana bien podría alzar su voz nuestro "primer pedófilo" desde su celda en Villa Las Rosas para recordarnos que "los únicos privilegiados son los niños" y que el trabajo infantil en las fincas (excepto en la suya) constituye un crimen de lesa humanidad.Es muy frecuente entre nosotros descalificar los argumentos de los contrarios con esa polivalente respuesta de "carece de autoridad moral". Pero el problema es que así como nadie es dueño de la moral absoluta, tampoco hay una sola moral y lo que es bueno para unos es malo para otros y viceversa.
Quizá tanto el comunicador condenado como el pedófilo tengan una cierta "autoridad moral" dentro de sus patrones de conducta. Pero de lo que carecen absolutamente es de autoridad jurídica. Que dejen estos señores que sean los ciudadanos honrados los que digan a los demás qué deberes impone la ley.
Sinceramente, que una persona condenada por estafar a un trabajador pretenda recordanos que la variedad de información es necesaria y que además "es una obligación constitucional", parece sencillamente un sarcasmo.
La rehabilitación de los que han quebrantado la ley debería imponer una obligación, no moral sino jurídica, de humildad y, a veces también, de silencio y de discreción personal.