Condenados por delitos en Salta dan lecciones de Derecho Constitucional

Una sociedad puede calificarse como "enferma" cuando quienes tienen cuentas pendientes con la justicia, por crímenes comunes, son los encargados de recordarnos a los demás ciudadanos la vigencia de determinados derechos y obligaciones constitucionales. De otro modo -es decir, como enfermedad social- no puede entenderse que el periodista Javier Matus, condenado por un delito penal de los más vulgares, pero no por ello menos indecoroso, haya salido a defender la legalidad de su canal presuntamente clandestino diciendo que "la variedad de información es necesaria y además está prevista como una obligación constitucional". Javier Matus, comunicador salteñoCon los mismos argumentos y tal vez mayor credibilidad que la de Matus, mañana bien podría alzar su voz nuestro "primer pedófilo" desde su celda en Villa Las Rosas para recordarnos que "los únicos privilegiados son los niños" y que el trabajo infantil en las fincas (excepto en la suya) constituye un crimen de lesa humanidad.

Es muy frecuente entre nosotros descalificar los argumentos de los contrarios con esa polivalente respuesta de "carece de autoridad moral". Pero el problema es que así como nadie es dueño de la moral absoluta, tampoco hay una sola moral y lo que es bueno para unos es malo para otros y viceversa.

Quizá tanto el comunicador condenado como el pedófilo tengan una cierta "autoridad moral" dentro de sus patrones de conducta. Pero de lo que carecen absolutamente es de autoridad jurídica. Que dejen estos señores que sean los ciudadanos honrados los que digan a los demás qué deberes impone la ley.

Sinceramente, que una persona condenada por estafar a un trabajador pretenda recordanos que la variedad de información es necesaria y que además "es una obligación constitucional", parece sencillamente un sarcasmo.

La rehabilitación de los que han quebrantado la ley debería imponer una obligación, no moral sino jurídica, de humildad y, a veces también, de silencio y de discreción personal.