El funcionamiento equilibrado de las modernas sociedades industriales reclama la presencia inteligente, activa y enérgica de los sindicatos. Su eficacia como factor de equidad aumenta en razón de su representatividad (medida por el número de afiliados) y de su independencia respecto de otros factores de poder (como, por ejemplo, los gobiernos y las empresas).Por otra parte, la correspondencia de los sindicatos de trabajadores con los valores y las instituciones de la república se consolida cuando el Estado promueve y garantiza la libertad sindical tal y como es definida por los Convenios Internacionales sobre la materia.
Factores como el peso relativo de los asalariados sobre la población económicamente activa, la historia del movimiento obrero (la memoria histórica), la democracia interna, la transparencia y la plena vigencia de las libertades cívicas, refuerzan el peso equilibrante de los sindicatos.
Una rápida mirada al panorama sindical salteño contemporáneo muestra la escasa relevancia económica, laboral y política de las organizaciones obreras de nuestra Provincia. En cualquier caso, es casi evidente que el sindicalismo local conoció tiempos mejores.
Puestos a buscar una explicación a esta debilidad estructural, habría que explorar por el lado de la diluída presencia (cuando no la ausencia) de los factores que antes he señalado como condición de eficacia sindical.
La clase trabajadora salteña crece al ritmo de nuestra economía; aumenta también el número de afiliados y de organizaciones obreras, pero la aguja que marca el peso social de los sindicatos parece no moverse.
La Confederación General del Trabajo Regional Salta, cuyo Secretario General es el señor Jorge Guaymas, líder del Sindicato local de Camioneros, es poco más que un sello simbólico, tal es su incapacidad para coordinar estrategias o reivindicar un papel de envergadura en la vida local. Conviene añadir que su irrelevancia llega al extremo de no atesorar siquiera de los documentos que tienen que ver con la historia del movimiento obrero salteño.
En este sentido, la larga permanencia del régimen anterior, que apeló a todas las armas en sus intentos de domesticar a los sindicatos, ha dejado una profunda huella que hoy algunos líderes y organizaciones intentan superar.
Los alineamientos nacionales y, más concretamente, el enorme compromiso adquirido por el señor Hugo Moyano (Secretario General reelecto de la CGT) con el modelo y las políticas del matrimonio Kirchner, se reproducen de alguna manera en el panorama local con el añadido de que la CTA en Salta es notoriamente débil y mantiene lazos con el Gobierno provincial que entorpecen su accionar.
El sindicalismo peronista salteño ha intentado, en varias ocasiones, organizarse confederalmente para influir en las decisiones políticas locales, pero no ha tenido éxito pese a haber hipotecado su autonomía.
Una prueba evidente de ello es el nombramiento y la brusca dimisión del Secretario General del Sindicato Gastronómico filial Salta, señor Gino Durand. La inocuidad del flamante Movimiento Sindical Peronista de Salta (que integran organizaciones como la UTA, Metalúrgicos, Telefónicos y Ferroviarios), abona la misma conclusión.
Téngase en cuenta que la práctica totalidad de los problemas laborales (fraude laboral, prestaciones sociales para desocupados, movilidad de las jubilaciones, condiciones de vida de los trabajadores, pobreza e indigencia), que exceden el marco de un sindicato en particular, no son abordados por la CGT, lo que fuerza a los líderes sociales a buscan afanosamente otros canales de expresión y presión.
La exagerada centralización de la negociación colectiva, que priva a los sindicatos locales de todo poder de interlocución frente a los empleadores, está convirtiendo a los sindicatos salteños en organizaciones de servicios (salud, vivienda, asistencia jurídica, turismo) cuando no en simples gremios.
Puede decirse que son muchos los sindicatos que, al no haberse alineado en las estructuras o componendas políticas, están buscando la forma de superar esta instancia que los debilita y paraliza.
Hay conciencia de los problemas, malestar con una cierta lentitud de la Policía del Trabajo, con abusos patronales, con la indefensión del trabajador frente a la escalada de precios que se vive en Salta, e incluso por el tibio federalismo que expresa el Gobernador que, según algunos, le lleva a tolerar medidas nacionales que repercuten negativamente sobre las arcas provinciales.