Lo que no resulta comprensible es que el acontecimiento cuente con la "bendición" de la señora Presidente de la Nación, ya que por mucho y muy útil que resulte el tren, nadie puede obviar el hecho de que no se está inaugurando ni un trazado ferroviario nuevo ni se está incorporando al servicio material rodante de última generación tecnológica. No es posible pensar que en pleno siglo XXI, el país de los sueños fundacionales, pueda movilizar a su primera magistrada para saludar el regreso de un tren cuya formación correrá con material de segunda mano.Es cierto que España tiene uno de los sistemas de comunicación ferroviaria más eficientes del mundo y prueba de ello fue la reciente visita del secretario de Transporte del presidente Obama, interesado en llevar a Estados Unidos la tecnología de la Alta Velocidad Española. Es cierto también que los trenes de cercanías de Madrid y de otras grandes ciudades españolas se renuevan casi anualmente (los más modernos ya parecen cápsulas espaciales) y que en comodidades y adelantos están muy por encima del resto de los países europeos. Es cierto, por último, que FEVE, la empresa española que ha vendido a la Argentina los trenes que se utilizarán para conectar Cerrillos con la estación central de Salta, se ha deshecho relativamente hace poco tiempo de este material y que ahora dispone de trenes aún mejores.
Pero es dudoso que un presidente europeo accediera a mostrarse públicamente inaugurando unas instalaciones compradas a otro país después de haber sido usadas y descartadas en éste por obsoletas, como ahora va a suceder en la Argentina, país en donde los avances civilizadores han dejado de ser lo que eran.
Según la información que ha trascendido, el regreso del tren no supondrá más que acondicionamientos menores en las infraestructuras que proporcionen una seguridad mínima a la circulación. Se habla de "acondicionar los pasos a nivel", cuando éstos, por su peligrosidad, han casi desaparecido en los países con redes ferroviarias avanzadas. El soterramiento de las vías y la creación de pasos elevados (calles, carreteras o pasos de peatones) son soluciones usuales en Europa para evitar que el tren pueda enfrentarse a obstáculos que amenacen su circulación. La Presidente inagurará, pues, una obra necesaria pero formal y materialmente insegura para los salteños.
La Presidenta inaugurará además un sistema ferroviario de locomotoras diesel, mientras que los trenes eléctricos han demostrado su mayor compatibilidad medioambiental. El orgulloso intendente de Salta nada ha dicho ni sobre la electrificación del trazado ferroviario de cercanías de Salta ni sobre su necesaria circulación subterránea por el centro de la ciudad. Aun así, la Presidente acudirá sonriente y solícita a inaugurar nuestro tren, que sólo servirá para recuperar cinco de los cincuenta años de retraso que registra la comunicación ferroviaria en la República Argentina.