
Imaginemos a Abraham, alentado desde la tribuna por su esposa Sara, a punto de patear un tiro libre concedido por el árbitro a pocos metros de la medialuna del área defendida por el faraón y sus enormes guardias. Imaginemos también que el citado Abraham, haciendo gala de la finura de su pierna diestra la clava en un ángulo, para desgracia del faraón y de su babilónica barrera.
¿Dirán las feministas orgánicas de Salta que el gol fue convertido gracias a la «derecha patriarcal»?
Porque así, con esas palabras tan sonoras, quienes integran el siempre neutral y nunca ideológico Observatorio de Violencia contra las Mujeres de Salta se han despachado al opinar sobre el galáctico software de «inteligencia artificial» que el Gobernador de Salta tiene instalado en su smartphone y que le permite saber, con cinco o seis años de antelación (a él y a un grupo de «confidenciales») cuándo una niñita pobre de Salta va a ser inseminada por su perverso padrastro.
Si por esos prodigios que tiene la tecnología moderna, algún día don León Trotsky vuelve a la vida, seguramente estaría encantado de ver que en Salta, sus magníficas ideas -convertidas en jirones por un filoso piolet- son recogidas, junto a su nombre, y llevadas «como banderas hacia la victoria» por un grupo de audaces mujeres y no por esos burócratas del Partido Obrero, que más se parecen a los tiernos Niños Cantores de Viena que a los feroces tiradores del ejército bolchevique.
Estas mujeres de rompe y rasga, han salido con los tapones de punta a denunciar en un comunicado oficial que la app de Urtubey para fisgar en la intimidad uterina de niñas aún no desarrolladas es un instrumento de la «derecha patriarcal».
No importa en este caso que el «patriarca» sea el jefe, el mismo sujeto que nos paga el sueldo. Al fin y al cabo estas intrépidas damas están donde están para defender a las de su mismo sexo y también -de paso- a las lesbianas, transexuales y travestis no switcheados, a las que se considera víctimas de los «embistes» (sic) de la ya citada derecha patriarcal, que no es -insistimos- la pierna goleadora de Abraham en Egipto, precisamente.
De largo, hubiera quedado mejor que en el duro comunicado feminista se hiciera alusión a los «embustes» de la derecha del patriarca, pero no a los «embistes», palabra que, como sustantivo, no existe en nuestro Diccionario, pues este, para usos como el pretendido, contiene la hermosa palabra «embestida».
Pero, ya se sabe, para ser feminista orgánica no se necesita tener todo diez en lengua, y además el tan mentado Diccionario es, a fin y al cabo, un libraco elaborado por esa misógina y casposa Academica vecina del Museo del Prado, en donde solo se sientan ocho mujeres por cuarenta y cuatro hombres.
Evidentemente, lo que han querido decir estas rebeldes funcionarias es que la «derecha patriarcal» es Urtubey, no Trotksy, ni los gauchos ni el arzobispo Cargnello ni el pobre Abraham.
Pero en lo que no han reparado las firmantes del comunicado es que esa misma tecnología futurista que ellas tanto parecen aborrecer le ha dedicado a la mujer un lugar especial; un poco servil y subordinado, eso sí, pero no la ha ignorado completamente.
Se ha preguntado alguien ¿por qué la mayoría de las veces la inteligencia artificial tiene voz, nombre o cuerpo de mujer?
Pensemos por ejemplo en la dulce Siri, o en Waze, que tienen nombres neutros pero que son, sin dudas, mujeres. O en películas como X Machina o Her, o sin ir más lejos de la casa en los virtual home robots, diseñados para hacer casi todas las tareas del hogar que hacen las mujeres, incluso la de servir como animalitos de compañía. Eso, sin caer en que hay unos loquitos sueltos que están diseñando robots con fines sexuales. ¿Cree alguien por ventura que harán primero robots hombres para satisfacer los deseos de las mujeres?
No saber que la tecnología es machista y «patriarcal» es casi tan imperdonable como ignorar de qué sacristías ha salido tu jefe, el que te paga el sueldo. Salvo estas señoras, casi todo Salta sabía que el ahora pro choice gobernador Urtubey pertenece en cuerpo y espíritu a esa derecha filotradicionalista que oprime la libertad hasta la asfixia (especialmente la libertad de las mujeres). No va a ser por una app de poca monta que lo vamos a descubrir. ¿Es que no se le veía la hilacha ya desde antes?
Otra cosa, si a quienes se sientan en el Observatorio de Violencia contra las Mujeres les pagan para trabajar como polea de transmisión de una ideología determinada, que avisen, porque en ese caso sería mejor que dejen paso a personas sin una adscripción ideológica tan fuerte y que ellas se vayan a llorar a Trotsky al Partido Obrero. Lo cual es casi una necesidad, porque es sabido que los niños cantores del PO están desafinando como cosacos. Quizá llevando al PO un poco de inteligencia natural, en forma de «embistes», les ayuden a cantar un poco mejor.
Eso sí, cuando lo hagan, el tata Miguel de la tecnológica «derecha patriarcal» ya no les va a pagar el sueldo. Así que mejor se lo piensan.