
El gobierno provincial de Salta ha comunicado este mediodía, con júbilo contenido, que avanza a buen ritmo la obra de construcción de un nuevo pabellón y de los nuevos talleres de «laborterapia» en la cárcel de Metán.
Se trata de una construcción que reúne todo los requisitos para ser calificada como «penal», pues según la información del gobierno, se trabaja con materiales fabricados en la misma cárcel y quienes construyen las nuevas instalaciones son agentes del servicio penitenciario. Afortunadamente no ha dicho que haga trabajar a los presos.
Días pasados la inquieta ministra Pamela Calletti, titular de la cartera provincial de Derechos Humanos y Justicia inauguraba en esta misma ciudad una cárcel «light, definida como un espacio de «semilibertad» para aquellos condenados que están próximos a agotar el cumplimiento de su pena.
Se suma ahora una nueva «galería de nichos» y más espacios de trabajo, que se añaden a los talleres de herrería, carpintería y panadería que funcionan ya en la Unidad Carcelaria Nº 2.
Dice la comunicación gubernamental que el objetivo de estas actividades «es brindar al privado de libertad la posibilidad de adquirir nuevos conocimientos y herramientas de trabajo para su adecuada reinserción social».
Lo de «nuevos conocimientos» parece conceder algún valor académico a las habilidades en el manejo de cuchillos, pistolas y ganzúas, que portan algunos de los internos condenados por delitos menores.
La Unidad Carcelaria Nº 2 fue inaugurada en 1960. En el lugar se fueron construyendo con el tiempo nuevas estructuras y se remodelaron las existentes, al solo efecto de adecuar el establecimiento al constante crecimiento de la población penal y por consiguiente de la planta del personal penitenciario.
Mientras aumentan los presos y aumentan los guardianes, la eficacia resocializadora de las cárceles decrece en medida parecida, como lo pone de manifiesto el asesinato a puñaladas de Andrea Edith Neri, una joven madre que había acudido al penal de Villa Las Rosas, en Salta, a visitar a un interno (más bien poco resocializado) que terminó matándola.
Por la falta de vigilancia adecuada han sido procesados un puñado de agentes penitenciarios de baja graduación. La ministra Calletti, con el invalorable y puntual auxilio del gobernador Urtubey ha logrado eludir cualquier responsabilidad en el hecho, tanto que se desplaza como una gacela de Salta a Metán y de Metán a Salta como si nada inquietara a su conciencia.