En una Provincia en donde las mujeres mueren como pajaritos a manos de violadores y asesinos de variado pelaje y el narcotráfico decide sobre los asuntos públicos más importantes con el silencio cómplice de los más altos poderes del Estado, los diputados de la honorable cámara baja provincial han puesto el grito en el cielo, pero no por la suerte de las indefensas mujeres, ni por la extensión de la mancha mafiosa, sino por los yaguaretés, otra especie en peligro de extinción. La protesta de los diputados se ha dirigido contra un alto oficial del arma de Caballería del Ejército Argentino, que fue «cazado» por el objetivo indiscreto del Whatsapp de El Tribuno pavoneándose públicamente en su cabalgadura con una coqueta montura tapizada con piel del amenazado felino americano.
El portavoz de este repudio ha sido el señor Jesús Ramón Villa, diputado peronista (FPV) electo por el Departamento de Rivadavia, quien dice haber experimentado «vergüenza ajena» al ver a un oficial del ejército de la patria desfilando con un cuero de yaguareté debajo de sus posaderas.
El señor Villa debe de estar seguramente enterado de que al anterior rey de España le costó el puesto una fotografía en la que se lo ve, rifle en mano, junto a un elefante abatido por los cazadores a los que el monarca acompañaba.
Para el diputado, la osadía del militar fue «una falta de respeto hacia la conservación de nuestra fauna». Y no solo eso, sino que dijo que la permisividad hacia este tipo de ostentaciones hará que mañana veamos «desfilar cueros de leones, corzuelas y puma americano».
Escándalos que no son
La preocupación por el futuro del yaguareté por parte de los diputados contrasta con su gélida indiferencia en relación con otros graves problemas que afectan profundamente la convivencia en la Provincia de Salta.Por razones que son bien conocidas y más vale no mencionar, ningún diputado provincial ha solicitado formalmente la reapertura de la investigación judicial de la violación y asesinato de las turistas francesas Cassandre Bouvier y Houria Moumni, ocurrido en Salta en julio de 2011. Ninguno, ni a título personal, se ha animado siquiera a condenar estos bárbaros asesinatos.
Ninguno, que se sepa, ha repudiado hechos como los desfiles militarizados de los niños salteños, obligados a humillarse frente a la autoridad vestidos de policías y gendarmes, que atentan contra los derechos de la infancia.
Hasta el momento, ningún diputado ha experimentado «vergüenza ajena» cuando la Cámara a la que pertenecen ha otorgado a la mayoría gubernamental los asientos reservados para la oposición política en la Auditoría General, en el Consejo de la Magistratura y en el Jurado de Enjuiciamiento de magistrados, poniendo en peligro la libertad de los salteños y la transparencia de las instituciones.
Ningún diputado ha reaccionado frente a la injusticia que supone que el Gobernador de la Provincia, sin una ley que lo respalde, regale dinero y propiedades inmobiliarias a la iglesia católica y a clubes deportivos de su elección, cuando las escuelas públicas se encuentran en estado deplorable y en algunos hospitales faltan recursos para atender a los enfermos.
Pero ¡guay con tocar al yaguareté!