De ser cierto lo que publica hoy el diario El Tribuno (que Urtubey pretende que su hermano Rodolfo sea Gobernador de Salta entre 2019 y 2031), aquel discurso corrosivo sobre la inutilidad presunta de los políticos de más de 45 años quedará para la historia solo como un recurso poco ingenioso dirigido a apuntalar una operación de perpetuación en el poder. Lógico sería suponer entonces que con su propuesta de jubilación anticipada de dirigentes políticos mayores que él, lo que buscaba Juan Manuel Urtubey no era ni la promoción de los más jóvenes ni la renovación de las prácticas políticas, sino simplemente un desplazamiento generacional apresurado cuyo objetivo final no es otro que la eternización de su familia en el poder.
Evidentemente, si Rodolfo Urtubey llegase a gobernar hasta 2031, deberá en primer lugar gozar de una excelente salud, pues llegará a tal fecha con 72 años. Una edad considerada hasta hace poco por su propio hermano como descalificadora -por razones tanto mentales como de «sanidad» ideológica- para el ejercicio de cualquier actividad política.
Si fuese cierto lo que dice El Tribuno, Urtubey hará, además, estas dos cosas:
1) Enterrar (todavía más) sus promesas de 2007 sobre el ejercicio limitado del poder; y
2) Parecerse (todavía más) a Juan Carlos Romero, quien ya en 1981 soñaba con un proyecto político «para gobernar Salta durante cincuenta años seguidos».
Si a Juan Manuel le sucede Rodolfo y éste abandona el poder en 2031, con 72 años, siempre podemos albergar la esperanza de que Rodolfo sea sucedido, a su vez, por Juan Manuel, quien en 2031 estrenará sus 62 años, y en 2043 -cuando acabe su segundo mandato de doce años- tendrá solo 74.
Lo que sí es de lamentar es que para esas fechas Rodolfo ya va a estar rondando los 84.
Aunque ¡quién sabe! Si las impresoras 3D consiguen fabricar hígados y riñones a la carta, tal vez Rodolfo nos dé la sorpresa y quiera encabezar el FPV para el periodo 2043-2055.