Al líder del Partido Obrero de Salta solo le falta rellenar dos formularios para convertirse en «minoría oficialista»; es decir, en un aliado derechista semipermanente del Gobernador de Salta, candidato a ocupar, algún día, un cargo en la Auditoría General o en el Jury de Enjuiciamiento. Cuando consiga rellenarlos, la larga búsqueda del docente trotskista más famoso de Salta habrá llegado a su fin. Claudio del Pla -que de él hablamos- ha dado un paso muy decidido hacia las posiciones gubernamentales al salir a defender las supuestas bondades del voto electrónico.
Para del Pla, la perversa herramienta que obró el prodigio de aumentar entre 7 y 10 puntos los votos reales de Urtubey y su banda, es preferible al voto de papel porque «simplifica el control y el conteo».
Lo simplifica tanto pero tanto, que los partidos políticos -incluido el PO- han renunciado a controlarlo y prefieren dejar el asunto en manos de los técnicos de la empresa proveedora y de los «veedores» del Tribunal Electoral.
El próximo paso de del Pla consistirá seguramente en hablar maravillas de este tribunal y de los jueces que lo integran, aunque sean los mismos que, cada cierto tiempo, ratifican en sus sentencias la sumisión de la clase obrera a los intereses del capital y los dictados de la oligarquía local.
Esta pequeña deriva doctrinaria de del Pla es perfectamente comprensible, pues cuando Trotsky erigió, junto a otros notables bolcheviques, la dictadura del proletariado, ninguno de ellos, ni los más democráticos, pensó que fuese necesario votar.
Al fin y al cabo, votar (ya sea con papel o con chips) es un claro defecto burgués.