
El Ministro de Gobierno de Salta debe de haberse enterado que su «par» nacional del Interior tiene en su despacho de la Casa Rosada un completísimo centro de control con pantallas de vídeo, y él también ha querido hacer lo mismo.
Pero mientras el ministro Florencio Randazzo monitoriza desde su asiento un complejo haz de variables, que van desde los mercados financieros internacionales hasta el tráfico del conurbano bonaerense, pasando por Twitter, al ministro Juan Pablo Rodríguez la imaginación (o el presupuesto) no le han dado más que para sintonizar programas de chismes, concursos infantiles y espectáculos musicales del oriente boliviano (¡ni un solo canal de noticias!), tal como se puede advertir en las fotografías que ilustran estas líneas.
Así, mientras Randazzo puede enterarse en un segundo si un meteorito va a impactar en el centro de Lomas de Zamora, Rodríguez puede saber, para beneficio y tranquilidad de todos los salteños, dónde se realizan las mejores batucadas de la ciudad o en qué pueblos se encuentran los Intendentes Municipales opositores que esperan ser tocados por la varita mágica de su misteriosa chequera.
Antiguo accionista (al menos eso dice él) de una empresa «espía» de medios de comunicación, Rodríguez es un hombre acostumbrado a jugar largas partidas simultáneas frente a las pantallas de televisión y avezado a captar al vuelo en qué radio vociferan los díscolos que se merecen un «tatequieto» en forma de anulación de la pauta publicitaria oficial.
De verdad que tener un ministro con tantas pantallas es un orgullo para esta tierra del interior profundo de la Patria en donde podrá faltar el gas en las cañerías, pero no un funcionario con un gran ojo orwelliano controlando hasta el más mínimo movimiento de los que no comulgan con el régimen.
