El gigante estadounidense Google ha sido objeto de una dura sanción económica por parte de la Comisión Europea. La multa, que asciende a 2.424 millones de euros, castiga lo que Bruselas considera abuso de posición dominante y transgresión de las normas de competencia en el mercado de las búsquedas de Internet. El caso alude específicamente al servicio de comparativas de precios, pero supone una enmienda a la totalidad al modo de operar del poderoso buscador, que favorece, según Bruselas, sus propios servicios sin que los usuarios sean conscientes del sesgo.
La comisaria de Competencia, la danesa Margrethe Vestager, abrió a la compañía de Mountain View un expediente sancionador por la presunta discriminación que aplica Google a los competidores cuando el usuario recurre al buscador para buscar productos y comparar precios. Bruselas argumenta que el buscador sitúa en una posición prominente sus propios servicios (Google Shopping), independientemente de su relevancia, y oculta los de sus competidores.
Se trata de la primera vez que la Comisión Europea impone sanciones por conductas relacionadas con las búsquedas en Internet. Bruselas también tiene en estudio el comportamiento de Google en el mercado de la publicidad, ya que considera que la compañía norteamericana impone contratos abusivos, que exigen exclusividad, a las webs que suscriben el programa de anuncios AdSense.
Finalmente, la Comisión estudia también denuncias contra Google por presuntamente obligar a los fabricantes de dispositivos móviles a que preinstalen aplicaciones de la compañía para cuando utilizan el sistema operativo Android.
Independientemente del impacto de la multa -que es llamativamente cuantiosa- lo que se espera es que Google adapte pronto su sistema de búsquedas comparativas de precios a las exigencias de la UE. Aún no se sabe cómo lo hará y en qué plazo.
Según el diario El País, el caso amenaza con inflamar las relaciones transatlánticas. La apertura del procedimiento de infracción, con Barack Obama en el poder, ya generó resquemor y acusaciones veladas a Bruselas de que penalizaba el talento y la innovación estadounidenses.
Las empresas tecnológicas no son precisamente las mayores aliadas del actual presidente, Donald Trump, pero es muy probable que el mandatario interprete la ofensiva como un nuevo ataque contra los intereses estadounidenses. Bruselas es consciente de este riesgo, pero está convencida de que existen suficientes pruebas para sancionar a Google por unas prácticas que alteran el libre mercado al menos desde 2010.
Fuente: El País