A medida que el rendimiento de Lionel Messi crece, se multiplican las posibilidades de que el astro del Barcelona alcance la misma dimensión mítica que la de su actual entrenador en la Selección Argentina, Diego Armando Maradona. Lo que todavía está por ver es si la fulgurante estrella del jugador rosarino dará pie algún día para que fanáticos suyos funden una iglesia propia, al estilo de la maradoniana, que reverencia a un solo D10S verdadero, pero que también ha elevado a los altares a la señora Dalma Salvadora Franco, la mamá del ídolo, más conocida como Doña Tota.
Ya casi nadie duda de que Messi está a un solo paso de superar a Maradona, no sólo en exquisitez futbolística sino también en groserías verbales.
Pero no muchos están seguros de que doña Celia Cuccitini -mamá de Lionel- esté convencida de que ella ha sido la elegida por un supuesto arcángel de la FIFA para reemplazar a la muy discreta y señorial Doña Tota en las preferencias maternales de la hinchada argentina.
Menos preparada parece la joven mamá rosarina para que le recen a ella los 'aves marías' (con minúsculas) que los maradonianos en trance místico dedican hoy a Doña Tota.
¿Qué hará la mamá de Messi cuando en las tribunas comiencen a aparecer pancartas con un ¡Gracias Celia! pintarrajeado con letras de escándalo?
¿Será Jorge Messi también partidario de ir a pescar dorados a Esquina (Corrientes), igual que durante años lo fue Don Diego Maradona padre, el 'san josé' de la saga?
Mientras estos interrogantes flotan sobre el futuro de Messi y el porvenir de la adoración de sus hinchas argentinos, una cosa parece clara: Que con tantos pergaminos que posee Pelé y con tanto lugar importante que él reclama en el Olimpo de los futbolistas inolvidables, nunca la gran estrella paulista, ni sus seguidores, se plantearon como gran dilema la adoración de su madre en altares paganos.
Esta particularidad sólo está reservada para los futbolistas argentinos geniales, con permiso de Pelé, de Garrincha, de Zico, de Ronaldo, de Rivaldo, de Ronaldinho y de tantos otros excelentes jugadores que, sin embargo, han pasado a la historia como simples mortales.