En julio de 1968, hace 43 años, en una casa de estudiantes en Tucumán, Gregorio A. Caro Figueroa (“Gori”) puso punto y final a su libro “Historia de la Gente Decente del Norte Argentino”. En 1970 lo editó y prologó en Buenos Aires Jorge Abelardo Ramos, quien elogió aquel libro influido por sus ideas. En estos días, con su esposa Lucía Solís Tolosa, publicó “El otro Güemes”. “Gori” tenía entonces 21 años. Había llegado a Tucumán para estudiar Derecho, carrera que dejó llamado por su interés por el periodismo y la historia. Cuando tenía 16 años, siendo estudiante secundario, adhirió al Partido Socialista de la Izquierda Nacional que lideró Ramos. En esos años su padre, el doctor J. Armando Caro, era diputado nacional y dirigente justicialista.
“La conducta, la capacidad y el ejemplo de mi padre pudieron más que cualquier ideología. Su sabiduría política era superior a la que creían tener los teóricos que frecuenté esos años. Cuando le conté que estaba escribiendo el libro, lo único que me dijo es que tratara de ser ecuánime, que no calificara ni descalificara. Lo decía alguien que había sufrido cárcel y persecuciones. Con juvenil suficiencia no escuché esa sugerencia: usé las palabras como una fusta para castigar”, reconoce.
- Dicen que está arrepentido de aquel libro y que, cuando alguien le dice que tiene un ejemplar, ofrece comprarlo para quemarlo.
- Lo dije y, a veces, lo repito en tono irónico. Confundir ironía con argumento revela falta de sentido del humor y cierta mala fe. Lo que sí creo es que aquel libro tiene, por partes iguales, la fuerza y las debilidades propias de mi edad y del clima de época en que lo hice. Es un libro dictado por la pasión. Por impaciente, lo redacté en un mes y medio. Tiene errores, algunos aciertos, juicios tajantes e injustos y partes poco prolijas. Jamás quemé un libro. En mi biblioteca conservo libros detestables como “Mi lucha” de Hitler o las actas de los Procesos de Moscú montados por Stalin para exterminar a sus adversarios.
- Ese es muy buscado ¿Por qué no lo reedita?
- Casi todos los temas que traté en ese libro me siguen interesando. Creo que los temas resistieron el paso del tiempo pero no así la información, la construcción y muchas de las opiniones expresadas allí. En esa época la escritura de un libro era una prolongación de la propaganda política. Era una forma de hacer catequesis ideológica. En los grupos de izquierda, el libro era un recurso para reclutar afiliados. En los últimos años escribí decenas de artículos y ensayos sobre los mismos temas, aunque con más información, sin ninguna intención proselitista y sin ataduras a dogmas ideológicos.
- Pero usted no responde a mi pregunta ¿lo reeditará?
- No me parece correcto hacer una nueva edición corregida y aumentada. Lo que quiero hacer es otro libro donde intentaré aportar una historia crítica y compresiva de Salta, dentro de la región, del país y del mundo próximo. En los días que corren lo que hay que escribir es una “Historia de la gente indecente de Salta”. Sería un libro de miles de páginas. Ahora el problema no es la antigua elite salteña del poder y de la riqueza, sino los grupos que se enriquecieron estos años usando y abusando del poder.
- “El otro Güemes” ¿es un modo de volver sobre estos temas?
- “El otro Güemes”, que se vendió con el “diario chiquito” el pasado 16 de junio, es un adelanto de un libro más amplio sobre Güemes. Tendrá el mismo título, más páginas, más temas y más información. Será un libro, no el capítulo de una historia integral de Salta.
- Se dice que Güemes aún no está reconocido en el país.
- No coincido con esa afirmación. En el libro mencionamos varios casos que refutan ese lugar común alimentado por un antiporteñismo elemental y un localismo acomplejado que se asienta en el desconocimiento o en la negación de los hechos. Desde comienzos del siglo XX, la mayoría de los libros de lectura de la primaria, escritos y editados en Buenos Aires, incluyeron lecturas sobre Güemes, quien aparece al lado de Moreno, de San Martín y de Belgrano.
- ¿Por qué otro libro sobre Güemes? ¿Acaso no hay demasiados?
- Entre libros, folletos, revistas académicas, artículos y otros escritos tengo registrados más de 500 trabajos sobre Güemes. Ellos fueron editados entre 1847 y el primer semestre de 2011. Esta cantidad puede parecer grande. Sin embargo, hoy casi no se encuentran libros sobre Güemes en librerías. Hay poquísimos ejemplares de la “Historia de Güemes” de Bernardo Frías. Son seis tomos que cuestan más de 3.000 pesos. Están agotados dos libros recientes: los de Lucía Gálvez y de Sara Mata. “El otro Güemes” es una síntesis histórica presentada en un libro tapas duras, de muy buen diseño. Comprarlo a 8 pesos, es algo excepcional: costó menos que un café.
- ¿Tuvo críticas este libro?
- Uno escribe para ser leído y comprendido, pero también para ser criticado. El elogio acaricia el ego del autor pero me parece que no es bueno quedarse en eso. El autor necesita dialogar con el lector a través del libro. Cuando digo lector incluyo al lector especializado, al no especializado y a los críticos. Como lo que trato de hacer es divulgación histórica, me interesa la opinión de jóvenes e, incluso, de niños. Con ellos dialogo cuando me invitan a colegios y escuelas. En Salta la crítica de libros es escasa. Cuando presentamos libros elegimos a amigos para que hablen bien del libro y mejor aún del autor. Después de eso, vinito y empanadas. Algunos confunden crítica con sacar el cuero. Sin crítica no se crece. Con habladurías, menos aún.
- ¿Qué critica y qué rescata de “El otro Güemes”?
- Lo más importante de este libro no lo pusimos los autores. Lo más importante lo aportó el público que en pocas horas compró los 10.000 ejemplares que se imprimieron. Si a eso añadimos los dos libros que publicamos con el “diario chiquito” el año pasado, suman más de 35.000 ejemplares vendidos. Ustedes en “Redacción” también están haciendo algo positivo al editar los “Cuadernos”. Este éxito podría inflar nuestra vanidad. No se trata de eso: que hoy en una ciudad como Salta se vendan 10.000 ejemplares en una mañana es un fenómeno sociológico a estudiar, no un alimento para la vanidad personal.
- Esto quiere decir que en Salta hay gente que lee.
- Así es. Contra los que dicen que nadie lee, que la televisión mató a la lectura, que la historia es algo aburrido, aparecen casos como éste. Hay que sacar conclusiones. En gran medida, no se lee porque los libros son caros, porque muchos libros de historia los escriben unos historiadores para que lo lean otros historiadores o porque algunos confunden divulgación histórica con productos de baja calidad. No hay que subestimar al lector. Hay que abaratar el libro, no su calidad. Este libro demostró que hay un público que responde si se ofrecen productos de calidad a precios accesibles, sin rebajar la calidad y sin vender escándalos o mentiras.
- ¿Por qué presentar un “otro Güemes”?
- Lo diferente no es Güemes sino el modo de aproximarnos a su personalidad y a su trayectoria. Intentamos un enfoque distinto, no convencional. Humanizar a Güemes, quitar el bronce que lo recubre, invitarlo a bajar del pedestal para hacerlo un ser humano. Un modo de empequeñecer a Güemes es confundir el culto a su memoria con la historia. La historia es uno de los fundamentos del culto, pero no es correcto que el culto reemplace a la historia, por más respetable que sea. La hipertrofia del culto termina por dañar a los personajes.
La presente entrevista ha sido publicada originalmente en el semanario Redacción que se edita en la ciudad de Salta.