La muerte de Sandro hace reflexionar sobre la exposición mediática de su salud

SandroSandro ha fallecido en Mendoza después de recibir un doble transplante de corazón y pulmones que, desafortunadamente, no pudo prosperar. La condición del cantante se había agravado en las últimas semanas, tras sucesivos episodios infecciosos que finalmente acabaron con su vida por un "shock séptico", según afirmaron los médicos.

La triste partida de Sandro es hoy ocasión propicia para que la mayoría de los medios nacionales publique extensas notas necrológicas exaltando su trayectoria y su gran tirón popular. La prontitud de estas publicaciones da a entender que estos artículos ya estaban redactados de antemano, por si las cosas iban mal, como al final fueron.

Las marchas y contramarchas de la salud del ídolo fueron noticia de primera plana en todos los medios. Es probable que esta obsesión mediática por la salud de Sandro no influyera negativamente en su estado, pero es absolutamente cierto que en nada ayudó a la recuperación del cantante.

El permanente bombardeo de noticias sobre Sandro y su difícil momento nos deja la sensación de que la discreción y la sensibilidad humana estuvieron ausente del tratamiento periodístico y que la intimidad personal del cantante, la de su familia y el trabajo de los médicos que lo asistieron pudieron haber sufrido interferencias inadmisibles.

Todo parece conducir a la conclusión de que los medios que más exacerbaron el morbo de la situación y explotaron comercialmente la salud de Sandro, esperaban el desenlace fatal como el mejor final para una novela por entregas. El "caso Sandro" no hubiera resistido otras dos semanas en las portadas y una milagrosa recuperación del cantante hubiese archivado el caso para siempre.

Este género de periodismo invasivo no sólo lesiona la intimidad de las personas directamente involucradas, sino que produce una inexplicable sensación de atentado contra la propia intimidad de los lectores y consumidores de prensa.

Llegados ciertos extremos, asoma el "derecho a no enterarse".

A pesar del circo mediático y de la muerte, es indudable que Sandro se ha ganado un lugar importante en el corazón de los argentinos. Algún día, lejos de tanto ruido, veremos su imagen colgada de los espejos retrovisores de algunos colectivos, que es nuestra forma más argentina de rendir homenaje a los grandes.