Un Intendente valiente y una funcionaria activa y comprometida son capaces de vencer prejuicios ancestrales y de ofrecer, desde el Estado, una respuesta consistente a las necesidades de educación sexual de niños, adolescentes y adultos de los barrios más vulnerables de la ciudad Salta. En un gesto inédito, la funcionaria ha calificado al abuso sexual -del que generalmente son víctimas los menores de edad y las personas menos informadas- como “uno de los flagelos que azotan a nuestra sociedad”.
Esta definición no es algo que los salteños deban pasar por alto. Debe obligarlos a reflexionar sobre el problema.
La reacción de los gestores municipales es saludable por varios motivos. Entre los más importantes merece destacarse, sin dudas, la decisión de brindar educación sexual no solo a los niños y adolescentes de Salta, sino también, y especialmente, a los adultos, que muchas veces la necesitan más que los menores de edad.
Sin embargo, todo este esfuerzo puede estar abocado al fracaso si la educación sexual de los adultos se limita a los habitantes de los denominados "barrios vulnerables" y no se extiende hacia otros colectivos.
Hablamos -cómo no- de aquellos adultos que trabajan en ciertos y determinados medios masivos de comunicación, que han convertido al escándalo y al exhibicionismo sexual en un reclamo para atraer cada vez mayores audiencias y ganar más dinero.
Hablamos de un tema que excede ya los límites de la deontología de la profesión periodística y que se interna en los terrenos de la educación sexual para adultos.
Porque la trivialización de los comportamientos sexuales de los pseudofamosos, la exacerbación morbosa de los detalles de los sucesos policiales con componente sexual y el retorcido gusto por lo explícito, requieren para su moderación no solo de un código autorregulatorio, sino de muchas horas de clase, de muchos libros y de mucho estudio.
Además de educar a los informadores para ejercer su tarea con responsabilidad, desde luego, es necesario impartir formación a niños, adolescentes y adultos para que sean capaces de hacer una lectura crítica y responsable de estos medios escandalosos, que alimentan de forma tal vez deliberada la espiral de las bajas pasiones humanas.
La mejor política municipal en la materia corre riesgo de convertirse en papel mojado si algunas portadas digitales de Salta -en donde la mayoría de los ciudadanos busca información seria- siguen infestadas de "los mejores culos de Mar del Plata" o de "los detalles de la última orgía de Natacha Jaitt", solo por poner dos ejemplos, y no necesariamente los más desagradables.
El estado moral de una sociedad determinada no se mide solamente por los comportamientos sexuales de los habitantes de los barrios menos favorecidos, ni por las estadísticas de violencia sexual de los juzgados; a veces, es necesario echar una mirada a la portada de los diarios.