Ni tareas pesadas, ni tareas livianas: el trabajo infantil está prohibido

Imagen ilustrativaEl trabajo infantil es una patología social que no solo se combate imponiendo duras sanciones sino que requiere también de medidas educativas que fomenten una cabal comprensión del fenómeno.

A juzgar por lo que están haciendo el gobierno provincial, y ahora también la Municipalidad, parece que los poderes públicos de Salta han renunciado a su potestad sancionatoria, al rigor punitivo, en beneficio de una estrategia light basada solamente en los buenos consejos.

Así se desprende de la información pública difundida a los medios tras la reunión que mantuvieron ayer en el Mercado San Miguel el Secretario de Trabajo del gobierno, señor Eduardo Costello, la Subsecretaria de Desarrollo Humano de la Municipalidad, señora Susana Soto, el Director de Desarrollo Infanto-Juvenil, Fernando Lamas, y el administrador del mercado, señor José Muratore, con 300 puesteros de aquella gran superficie comercial.

Dice la información oficial que "en principio se trató de una tarea de concientización, para evitar que los niños realicen tareas pesadas a corta edad".

Un enfoque francamente equivocado, pues la finalidad de la lucha contra el trabajo infantil no es evitar que los niños de corta edad realicen tareas pesadas, sino que no realicen ninguna tarea en el ámbito laboral; ni siquiera las más livianas.

El trabajo de los menores de edad es una actividad ilegal porque afecta su desarrollo personal y el disfrute de sus derechos, cualquiera sea la dureza del trabajo.

Entre los derechos de la infancia contra los que conspira el trabajo infantil, figura en destacado lugar el derecho a la educación obligatoria, del que un niño no puede ser privado.

Salvo para el gobierno y la Municipalidad de Salta -que, por lo visto, entienden otra cosa- el trabajo infantil supone una explotación en sí misma; sea que las tareas encomendadas sean pesadas o livianas, sea que se trate de niños de corta edad o de adolescentes.

El trabajo infantil, conlleva siempre riesgos físicos y psíquicos, ya que los niños que trabajan se encuentran expuestos a violencia física, a abusos sexuales y al estrés que provoca el propio trabajo.

Si el Secretario de Trabajo piensa que lo mejor para acabar con el trabajo infantil en Salta es dar consejos, lo menos que se puede esperar es que sus consejos enfoquen la cuestión con rigor y que no limite el fenómeno a los trabajos pesados de los niños de corta edad.