El reemplazante del Padre Chifri y el hallazgo de una 'ostia' sangrante

Ruinas en OstiaEl venerado Padre Chifri dejó tras su muerte muchos vacíos casi imposibles de llenar. Pero la iglesia católica de Salta ya ha decidido quien reemplazará al carismático sacerdote -al menos temporalmente- en la responsabilidad de pastorear las almas de la Quebrada del Toro.

Se trata del presbítero Alejandro Pezet, famoso por haber hallado en 1996 una hostia de la comunión abandonada sobre un candelabro, debajo de un crucifijo, en una iglesia del barrio de Caballito, en Buenos Aires. Aquella hostia fue trasladada en su momento al tabernáculo del templo, en donde, al cabo de unos días, apareció teñida de una sustancia de aspecto parecido a la sangre humana. A raíz de este suceso, Pezet fue invitado a viajar a Polonia en agosto de 2010, ya que en aquel país se había producido un hecho similar que la Iglesia todavía estudia con cuidado.

Con ocasión de la designación de Pezet por el Arzobispo de Salta para reemplazar temporalmente al Padre Chifri, un medio salteño recuerda hoy la experiencia de 1996, que tuvo como testigo al sacerdote. Pero con tanta mala fortuna que al referirse a la santa forma consagrada en misa lo hace -y por tres veces- con el poco sagrado y respetuoso nombre de "ostia".

En efecto, "hostia" y "ostia" no son lo mismo, a pesar de su idéntica pronunciación. La primera palabra designa, según el DRAE, a la hoja redonda y delgada de pan ácimo, que se consagra en la misa y con la que se comulga. La segunda, según el mismo Diccionario, es sinónimo de "ostra", es decir, el molusco lamelibranquio marino o, para mayor escándalo verbal, "la concha de la madreperla".

Es bastante conocido también que "hostia" u "ostia" se utilizan como vocablos vulgares y malsonantes en España, pero aunque en este país los malhablados no acostumbran a brindar precisiones sobre la grafía de los sonidos a la hora de soltar palabrotas, los expertos coinciden en que, en una mayoría de casos, aquellos frustrados blasfemos, creyendo decir "hostia", en realidad dicen "ostia".

El filólogo Pancracio Celdrán, recuerda que "se llamó ostia, plural latino de puerta, al portazo, en alusión a los golpes que daban los porteros u ostiarii, cerrando la puerta en las narices de quien quisiera colarse o entrar sin haber sido invitado. Asimismo, en latín, se llamaba ostiarium al impuesto sobre el número de puertas que tuviera la casa: a más puertas u ostia, más impuestos. En un pasaje de Plauto alguien pegó una paliza a un esclavo dando tumbos ostiatim, esto es, de puerta en puerta, de donde se dijo ‘a ostias’, sin relación con el uso religioso de la palabra”.

Recuerdan también los que saben, que Ostia —una antigua antigua en la costa del mar Tirreno— era el puerto de la antigua Roma, surgido para la defensa militar pero convertido luego en puerto comercial. El nombre latino se explica porque Ostia era la puerta o la vía de entrada por mar a la ciudad.

Los términos latinos citados son todos correctos y con una procedencia común, que es el término latino os, oris, que significa boca. Por tanto, Ostia, -ae, es el puerto de Roma; ostium, -ii, puerta (que al ser neutro, hace el plural en –a: ostia = puertas); ostiolum, -i, puerta pequeña, postigo; ostiarius, -ii, ostiaria, -ae, portero / -a; ostiarium, -ii, el impuesto sobre las puertas; ostiatim, adverbio, de puerta en puerta; ostiensis, -is, ostiense, de Ostia.

En resumen, que ahora el medio de comunicación salteño no tendrá otra opción que aclarar si el padre Pezet, en lugar de haber hallado una hostia, encontró una ostia (o puerta) sangrante en su iglesia de Caballito. Lo cual, si llegara a confirmarse, podría incluso ser aún más milagroso y revelador que el verdadero hallazgo, visto desde un punto estrictamente teológico.

Tal vez la cuestión religiosa amerite otro viaje a Polonia, pero lo que es seguro es que la cuestión lingüística amerita un regreso urgente a las aulas de la escuela primaria (o a la catequesis), que es donde se aprende a escribir correctamente palabras tan elementales.