Debe ser bastante complicado que la autoridad, en uso de sus legítimas atribuciones, detecte que un solo señor, por sí o por interpósita persona, es beneficiario de 147 licencias de remises, cuando la normativa municipal limita la cantidad de licencias posibles a una por barba. El beneficiado multilicenciatario no debe sentirse nada cómodo sabiendo que su enorme cartera de permisos municipales ha salido a la luz pública. Es por esta razón, tal vez, que, a la hora de defenderse, el que ha sido pillado opta por atacar con munición gruesa a quien, a primera vista, surge como la responsable de tan prodigioso hallazgo.
"No todas las licencias son mías", dice el empresario, aclarando que algunas de ellas pertenecen a su mujer, a su cuñada y a algún que otro sobrino. Extrapolando al mundo del transporte cierta terminología de la política, se podría decir que el hombre habría incurrido en un imperdonable "nepotismo remiseril".
Pero dice más cosas: "Las licencias se compran y se venden, y si no, fíjense en los avisos clasificados del diario". Claro, si el intendente de Cerrillos sortea carnets de conducir, ¡cómo no se va a traficar con licencias de remises! Obvio.
Lo que el empresario no ha dicho al gran público es a cómo está el medio kilo de licencias en su ganchera.
Ya para terminar, y como señal indicadora de sentirse terriblemente acorralado, el aludido ha anunciado que presentará una denuncia penal contra la Presidenta de la Autoridad Metropolitana de Transporte, pues -según él- la funcionaria le habría prometido "perdonarle las multas" y "regularizar sus licencias" a cambio (¡ojo a este dato!) no de un terreno en Cabra Corral, ni de un porcentaje de sus utilidades remiseras, ni de una cuenta secreta en Suiza, sino de "aumentar la tarifa de sus remises para equipararla a la de los taxis".
¿Qué delito es éste? ¿Corrupción? Pero ¿De quién?
De estas desafortunadísimas expresiones surgen varias cosas.
La primera, que el empresario de los 147 remises tiene bastantes multas (lo cual no es extraño, teniendo en cuenta que su flota es más grande que la que lideró en su día el portaaviones John F. Kennedy de la US Navy). Y multas bastante gordas, porque ningún funcionario se jugaría el pellejo por un par de papeletas de mal estacionamiento.
La segunda es que si le han ofrecido "regularizar sus licencias" es que éstas no están en condiciones tan legales como afirma el ofendido polirremisero.
Y en tercer lugar, si efectivamente la Presidenta de la AMT, le ha ofrecido ciertas gangas para lograr que aumente la tarifa, lo que ha hecho la funcionaria es poner en juego toda su astucia política, y no se la puede condenar por ello.
Resultado de esta operación es que el multilicenciatario ha pisado el palito (o entrado como caballo) y, presa de un ataque de incontinencia verbal, ha dejado al descubierto precisamente todo lo que la Presidenta de la AMT venía denunciando.
Que la denuncien a ella es una cuestión menor. Sería como pretender encarcelar a un policía que negocia con un delincuente que tiene veinte rehenes bajo su poder, prometiéndole que le traerá una pizza napolitana y un pack de cervezas.
Cuando las necesidades del servicio lo justifican, no hay nada de malo en engañar a los malhechores.