La sodomización de Gadaffi: una ocasión perdida para la prensa policial de Salta

Muammar el GadaffiUn vídeo supuestamente atribuido a los captores de Muammar el Gadaffi sugiere que el dictador, ya cautivo, antes de ser asesinado a sangre fría, fue sometido a humillaciones y vejámenes por sus verdugos.

La prensa internacional habla de que Gadaffi fue "sodomizado con un palo", una o varias veces, antes de ser ultimado de un balazo en la cabeza.

Más allá de la repugnancia que provocan las imágenes, de la crudeza de los hechos y de su potencial revelador del estado actual de los derechos humanos en Libia, lo que llama la atención es que la prensa internacional se haya ocupado del asunto con una cierta frialdad, que queda reflejada en las palabras utilizadas para relatar los hechos.

"Gadafi, sodomizado en cuerpo y alma", titula hoy el diario español El Mundo, que habla en sus páginas de "lo que podría ser la sodomización de Gadafi con un palo por los rebeldes libios".

Otro medio hispano habla de que el dictador fue "sodomizado" con un cuchillo.

Cualquiera sea la verdad en torno a estos repugantes hechos, lo que parece claro es que el mundo entero echa en falta hoy una crónica de la sodomización de Gadaffi al "estilo salteño-trasandino", de bien ganada fama en el concierto periodístico internacional.

Si la humillación sexual de Gadaffi se hubiera producido en un descampado de Villa Juanita y no en las afueras de Sirte, aquel estilo periodístico tan particular hubiera permitido a millones de lectores enterarse de que los rebeldes libios "ultrajaron gravemente" las "caderas cimbreantes" del dictador introduciéndole un palo en la "cavidad anal"; y que, de no mediar el tiroteo que allí se produjo, es casi seguro que los captores hubieran "sometido" también a la víctima, depositando en sus entrañas unas "descargas espermáticas" para conformar un cóctel de "fluidos seminales" que hará luego inútiles los "hisopados" e imposible el aislamiento de los "patrones genéticos".

El comité que discierne el Pulitzer en la Universidad de Columbia debería dejar de mirarse el ombligo y enfocar ya mismo sus reflectores hacia Limache.