Muchas veces es difícil saber si los artículos de la sección "policiales" de un conocido diario de Salta se refieren a seres humanos o a reptiles. A las "cavidades anales", "hisopados vaginales" y "fluidos rectales" -expresiones muy socorridas en la literatura policial salteña- se unen ahora las "descargas espermáticas", cuyos autores no son -como parece- cocodrilos en celo ni toros sementales ordeñados a máquina sino sádicos y perversos violadores con apariencia humanoide.
Lo más lamentable del caso es que toda la web se encuentra intoxicada con esta muy desafortunada expresión.
Si uno escribe en Google las palabras "descargas espermáticas", así entrecomilladas, podrá comprobar que al menos los primeros 40 resultados conducen a diferentes sitios web que se ocupan del crimen de las turistas francesas en Salta.
Fuera de estos casos, el buscador global remite de forma inequívoca a sitios web de relatos eróticos de muy baja estofa y, en menor proporción, a sitios dedicados a los estudios zoológicos.
Esta elemental investigación en Google sugiere que los cronistas policiales salteños, antes de acometer la redacción de sus artículos, se dan una vueltita por las webs de relatos eróticos, convertidas súbitamente en fuente de inspiración, no ya para onanistas, sino para todos unos profesionales de la pluma.
La expresión "descargas espermáticas" no solo es de pésimo gusto en cualquier contexto, sino que es perfectamente evitable: Hay palabras más elegantes y sencillas para referirse a lo mismo sin maltratar al lector y sin faltar el respeto a las víctimas.
Pero en el contexto de una violación, la expresión es además sumamente incorrecta, porque es sabido que "descargar" significa en nuestro idioma "quitar o aliviar la carga"; y está científicamente comprobado que un violador no busca alivio para su "carga" espermática u hormonal (es decir, no busca un alivio fisiológico) sino que su finalidad es la de cometer un acto perverso y criminal.
En otras palabras, que es la violación en sí misma (la humillación y el sometimiento de la víctima) lo que alivia al criminal y no el hecho de depositar su "carga" en alguna de las ya citadas "cavidades".
Solo hay una cosa más desagradable que la "descarga espermática" de un violador: la "descarga semántica" de quienes abandonan el lenguaje periodístico para internarse en los resbaladizos terrenos del onanismo literario.