La ciudad de Tartagal se encuentra por estas horas afectada de una plaga de juanitas, un desagradable coleóptero entomófago conocido y aborrecido por el mal olor que despide. Según informa el diario de Tartagal, los insectos hediondos están impregnando con su desagradable olor tanto los espacios públicos como los privados. Las juanitas -al igual que algunos gobernantes- se ve que no distinguen entre lo público y lo privado.
Dice la misma fuente que "una cadena de mensajes de texto pide fumigación para acabar con el insecto que es atraído por las luces artificiales", pues, como buen cascarudo, las juanitas tienen hábitos nocturnos.Si bien la especie más conocida en el Valle de Lerma es de color verdoso, más parecida a una chinche del monte, en Tartagal las juanitas invasoras son de color negro, tiene aproximadamente una pulgada de longitud y -según el diario- posee "reflejos metálicos". Se trataría entonces de juanitas "heavy metal".
La juanita es un verdadero depredador de otros insectos y utiliza su mortífero olor para evitar precisamente ser fagocitado por otros. Dice el diario de Tartagal que se trata de un insecto que "mata por matar y no sólo para alimentarse", por lo que los tartagalenses se hallan frente a una legión de auténticos invertebrados asesinos.
Las dificultades crecen cuando se comprueba que las juanitas pertenecen a la subespecie de los "bichos jugosos", ya que al pisarlos o al achicharrarse ellos mismos contra una fuente de luz intensa, desprenden abundante líquido que algunos califican "de una fetidez única".
Llueve sobre mojado en Tartagal, ya que la invasión de juanitas llega después de una invasión de moscas que aún perdura.