Gran revuelo mediático en Salta tras haberse descubierto que un grupo de concejales de la ciudad de Salta seguía con más interés el partido de fútbol entre Uruguay y Holanda que la sesión de interpelación que en esos momentos se desarrollaba en el recinto. Los concejales involucrados en semejante felonía son los señores Burgos, Tonini y Oliver, que han sido despellejados sin piedad por la prensa canalla de Salta a raíz de tan imperdonable apartamiento de sus deberes como servidores públicos.
Mientras tanto -y sólo por poner un ejemplo de una situación paradojal- varios intendentes de municipios de Salta están a punto de ir a juicio por defraudar a la hacienda pública, sin que los mismos censores mediáticos se ocupen por estas horas de dedicarles frases tan lapidarias. Tal vez han perdonado sus pecados porque en las comparecencias ante sus concejos deliberantes y demás actos públicos los intendentes procesados no acostumbran a echar mano del celular para ver partidos de fútbol o para jugar al Tetris.
Es curioso, pero son tantos los defectos republicanos que ensombrecen la figura de los concejales que ensañarse con el visionado de un partido de fútbol durante una sesión parece un despropósito.
Hay que aceptar que, durante determinados pasajes, el partido de Uruguay contra Holanda estaba para echarle un vistazo. Lo que no está muy claro es si el reglamento del Concejo Deliberante contempla la posibilidad de introducir una moción de orden para suspender las deliberaciones en caso de que un equipo coloque el 3 a 2 unos segundos antes de que termine el partido. Si no existe tal previsión reglamentaria, debería existir.
Las preguntas que deberíamos formularnos son: ¿Era tan interesante la exposición del secretario Gandolfo? ¿Es más importante la pillería comercial y la prostitución en la Balcarce que Diego Forlán con la pelota controlada cerca del área holandesa? ¿Piensa acaso el señor Gandolfo que los asuntos de su competencia pueden competir en importancia con -nada menos- que las semifinales de una Copa del Mundo? ¿Qué destino hubiera tenido la sesión de interpelación si en lugar de Uruguay hubiera sido la Argentina la que jugaba el partido?
No nos engañemos. A veces es mejor que tres concejales se prendan a un teléfono para ver un partido de fútbol (algo impensable hace sólo diez años), a que los funcionarios públicos en ejercicio de sus funciones reciban SMS con mensajes triviales como "¿a qué hora volvés de laburar?, atorrante" o menos inocentes como "te comería todo papito".
Porque, tampoco nos engañemos, no todos los SMS que reciben los funcionarios son enviados directamente desde la Casa Blanca ni tecleados personalmente por Obama, aunque pretendan que lo creamos.
Hay que entender que si la estupidez y la superficialidad -entre otras debilidades humanas- forman parte de nuestras prácticas cotidianas, no hay razón para prohibirlas en los sacrosantos recintos republicanos.