El 27 de mayo de 2010, la UEFA que preside Michel Platini aprobó unas regulaciones a las que llamó de "fair play financiero". En pocas palabras, se trata de una serie de medidas orientadas a que los clubes de fútbol no gasten más dinero del que ingresen, y a que, en definitiva, el poder de la chequera y del endeudamiento no rompa con la igualdad deportiva. La idea es que, en un plazo de tres temporadas, los clubes lleguen a un déficit máximo de 45 millones de euros; si no lo consiguen, se exponen a ser sancionados por la UEFA con la expulsión de las competiciones europeas.
En el fondo, lo que anima a la UEFA a sacar adelante estas medidas es la convicción creciente de que el abrumador poder del dinero está inclinando de mala forma la balanza deportiva. Platini y los suyos piensan que, de continuar el actual estado de cosas, el fútbol dejará de ser una actividad responsable y sostenible.
Lo curioso es que la UEFA haya advertido esto antes que el Parlamento Europeo y los parlamentos nacionales (ni hablar del Congreso Nacional argentino).
Claro que no en relación a los clubes y al fútbol, sino en relación con la política y los partidos.
Si bien Salta no es la única provincia afectada, su caso es paradigmático, pues asistimos aquí a la paradoja de partidos políticos virtualmente quebrados que, a pesar de su calamitoso estado financiero, despliegan costosísimas campañas electorales. Digamos que, en la lógica de Platini, casi ningún partido político de Salta podría disputar la Champions League.
El poder del dinero, el de las grandes fortunas, el de los grandes intereses económicos inclina la balanza de la política, sin transgredir en principio las reglas de la libre competencia igualitaria, tal como el déficit desbocado de los clubes no impedía -hasta el puñetazo sobre la mesa de Platini- que se cumplieran con los reglamentos del fútbol.
Si para salvar a este deporte alguien se ha dado cuenta de que hay que bajarle el copete al poder financiero, ¿cómo es posible que nadie haya propuesto algo parecido para la política?
Sobre todo, cuando es un secreto a voces que la competencia electoral libre ha desaparecido de la faz de nuestro territorio, desde el momento en que el martillo financiero se ha puesto a operar sobre la voluntad de los ciudadanos.
Definitivamente, los "indignados" de Salta -si los hubiera- deben expulsar de su sitial dorado al Indio Godoy y sentar en él a un ciudadano sensato y corajudo como Platini, que por algo se hinchó en la Juventus a meter goles de tiro "libre".