La oposición

Moyano y Fernández de KirchnerDesde que se inició el ciclo del matrimonio Kirchner en el ejercicio del Poder de la Nación, se ha instalado en el ámbito político y en la conciencia colectiva un concepto abstracto, que no expresa en los hechos el cabal significado del término y que todos denominan “la oposición”.

Sin que nadie se haya detenido un momento a clarificar las cosas y ubicarlas en sus respectivos lugares, se optó por el camino más simple de identificar como “la oposición”, a toda persona, Asociación y/o grupo contrario a la gestión de los Kirchner y sus adeptos.

Esta particular concepción de una realidad inexistente que se sostiene hasta hoy, es la raíz de la confusión reinante, de los desacuerdos y confrontaciones entre los líderes políticos y lo peor, de la desilusión de la ciudadanía con el pobre desempeño de sus representantes en su papel de “opositores” para el que los habían elegido.

Que la única coincidencia indiscutida entre los Partidos, agrupaciones políticas y sus miembros, sea su explícito desacuerdo con el Gobierno Nacional, no es suficiente para poner a todos en el mismo espacio, ni menos suponer en ellos similar consenso en otras materias fundamentales.

La figura del bloque opositor que se concibe como un todo, es una enorme  abstracción que, al haberse generalizado, exige y reclama unidad de lo diferente sin advertir las particularidades esenciales de sus componentes. Por eso, los adjetivos descalificatorios con que son señalados estos últimos, obedecen a un preconcepto erróneo que, por serlo, deriva en una conclusión injusta y falsa.

¡No hay UNA “oposición”!, sino varias agrupaciones “opositoras” al kirchnerismo gobernante, cada una con sus ideas, razones y propuestas que, por lo que se ve, algunas están en las antípodas de las otras.

Pretender un programa de gobierno y hasta un candidato único para oponerlos al oficialismo, es transitar el camino de la utopía e insistir con intentos fracasados de triste memoria.

No es con un acuerdo electoral de circunstancia como se puede vencer al oficialismo y restablecer las Instituciones republicanas en nuestro país, sino suscribiendo políticas de largo plazo que garanticen la plena vigencia de la Constitución y el sistema republicano / federal consagrado en ella.

En ese aspecto, “la oposición”, ha dado un paso significativo en el buen sentido al comprometerse públicamente sus principales referentes, a preservar la democracia cualquiera sea el color del que gobierne. No es poco, sin duda, pero tampoco suficiente.

La inmensa mayoría de los argentinos ¡clamamos! desde hace mucho tiempo, por un proyecto de país y un programa de gobierno creíble que nos convoque y entusiasme a seguirlo asumiéndolo como causa nacional común a todos. Proyecto y programa, ¡ellos si!, OPUESTOS al actual “modelo” vigente que ya conocemos y sabemos a donde nos conduce.

Ser “opositor” al kirchnerismo no es un mérito, sino una cuestión de conciencia y dignidad de cada uno, por eso, si el objetivo central de los “opositores” fuese derrotarlo de cualquier manera en las presidenciales de octubre, el plan sería de muy bajo vuelo, corto alcance y fracaso anunciado.

Por lo que vemos hasta el momento, las peleas, por las candidaturas en los Partidos políticos y bloques parlamentarios, muestran un patético escenario dominado por pequeñeces, que aleja cada día más la posibilidad de constituir una “oposición” orgánica y responsable decidida en serio a restaurar los principios republicanos y el funcionamiento pleno de las Instituciones.

Es el Congreso de la Nación el ámbito donde se debe constituir y consolidar esa “oposición” referida en esta nota. Es allí donde los que se dicen “opositores” (que por eso los eligió el pueblo), tienen la obligación de hacer realidad sus promesas y unificar fuerzas en los grandes temas que todos ellos se comprometieron cambiar; entre otros, derogación de superpoderes al Ejecutivo, reducción gradual de retenciones al agro, reforma integral del INDEC, cumplimiento de la coparticipación a las provincias, etc.

Pero también debieran impulsar y controlar de cerca las innumerables causas penales abiertas contra funcionarios del Gobierno Nacional, sindicalistas y empresarios amigos, por actos de corrupción comprobados que comprometen a la misma Presidenta.

Esta es la tarea pendiente de “La Oposición” y no la discusión de candidaturas que corresponde a los “opositores” en sus respectivas agrupaciones.