El importante sector económico de la producción de tabaco en Salta es -a pesar de su importancia- solo un sector, entre muchos. Es decir, representa una parcialidad, no el todo. Y cuando las parcialidades -sean económicas, sociales o religiosas- pretenden imponer sus criterios al conjunto de la sociedad o intentan que sus valores e intereses particulares sean asumidos por todos, sin excepción, se corre el riesgo de una grave fractura social. La posibilidad de que el Congreso Nacional argentino apruebe una ley para ratificar el Convenio Marco de la OMS para el Control del Tabaco (CMCT OMS) ha puesto en guardia al sector tabacalero provincial. Los productores salteños, apoyados en el siempre eficiente bastón que proporcionan los legisladores nacionales, intentan bloquear la ratificación -ya prácticamente lo han conseguido- con el argumento de que la entrada en vigor de esta norma destruirá la producción provincial de tabaco.
El argumento no es baladí, por supuesto, porque aunque el Convenio Marco, en su esencia, no es muy diferente a las normas internas dedicadas a desalentar el consumo de tabaco por razones sanitarias, lo cierto es que su entrada en vigor podría afectar de un modo o de otro a la producción y, a largo plazo, también al empleo en este sector.
Sin embargo, a la hora de debatir y razonar sobre la conveniencia o no de la ratificación del instrumento internacional, perdemos de vista que en todos los países del mundo en que se produce tabaco -y la Argentina no es la excepción- existe la tendencia a exagerar de modo sistemático los beneficios económicos y sociales de este cultivo.
Efectivamente, el tabaco es una actividad que requiere el empleo intensivo de mano de obra y que deja grandes dividendos a la región. Pero ¿cuál es la calidad de aquel empleo? ¿Cómo se distribuye la riqueza que genera el tabaco de Salta? ¿Qué ocurriría realmente si las plantaciones de tabaco desaparecieran definitivamente?
Son preguntas sin responder. De lo que hay pocas dudas es de que lo que podríamos llamar el "frente tabacalero" está integrado, casi a partes iguales, por productores responsables, modernos, social y económicamente eficientes, y por otros que desde hace décadas vienen convirtiendo al cultivo del tabaco en Salta en una de las actividades socialmente más inequitativas, medioambientalmente más peligrosas y laboralmente más denigrantes.
Así pues, si lo que toca hoy es defender la economía provincial, nos preguntamos si es justo que defendamos por igual a ambas clases de productores.
Si, como sostiene el "frente tabacalero", en caso de que el Congreso ratifique el Convenio de la OMS, se producirá un apocalipsis económico, habría que preguntarse si los salteños no estamos frente a una oportunidad quizá irrepetible para volver todas las cartas al mazo y barajar de nuevo; es decir, para intentar que la ingente riqueza que proviene de nuestro excelente tabaco comience a ser distribuida de forma más equitativa y eficiente.
Porque a nadie escapa que durante más de medio siglo este cultivo ha venido eludiendo sistemáticamente los mecanismos ideados para la redistribución social de sus dividendos: el empleo, los salarios, las contribuciones a la Seguridad Social y los impuestos. Tanto en volumen como en calidad de empleo, como en la cuantía de los salarios brutos abonados, como en cotizaciones sociales o en impuestos satisfechos, la actividad tabacalera de Salta se encuentra entre las más regresivas de todo el conjunto económico.
El Convenio Marco y la experiencia española
La norma contra la que hoy dirigen sus dardos, por igual, tanto productores buenos como malos, es el primer tratado internacional negociado bajo los auspicios de la Organización Mundial de la Salud.Por alguna razón, el Convenio Marco para el Control de Tabaco se ha convertido en uno de los tratados más ampliamente adoptados en la historia de las Naciones Unidas, hasta el punto de que ya lo han suscrito 172 países del mundo.
Entre los que han ratificado el Convenio se encuentra España, el tercer productor europeo de tabaco, que cuenta con un volumen de producción diez veces inferior al de la Argentina.
La ratificación del Convenio Marco de la OMS, ocurrida en enero de 2005, no ha producido en España la catástrofe económica que se augura en la Argentina.
De hecho, en España -país en el que rige una dura normativa legal que restringe el consumo de tabaco en lugares públicos- la producción se ha mantenido relativamente estable desde 2004 en adelante. Si bien se observa un notable descenso del número de productores, se trata de un fenómeno que los expertos atribuyen a la extinción escalonada de las ayudas de la Unión Europea, acordada tras la última reforma de la PAC.
Los expertos señalan también que la actividad tabaquera en España ha perdido más empleos por causa de la modernización tecnológica que por la entrada en vigor de las normas restrictivas al consumo, algo que también ha ocurrido en Salta, sobre todo en algunas explotaciones vanguardistas.
En España -tierra natal de una buena parte de los productores de tabaco salteño- existe la conciencia de que la puesta en marcha de políticas integrales contra el tabaquismo tendría muy poca o ninguna repercusión en el empleo total de la mayoría de países. Los expertos dicen que el gasto en cigarrillos y artículos relacionados pasaría a otros productos y servicios, y que la desaparición del tabaco podría incluso hacer florecer a otros sectores económicos y hacer crecer el empleo.
A causa del Convenio Marco de la OMS, pero también de las sucesivas leyes antitabaco, los productores españoles se han planteado si es sostenible social y éticamente que unos beneficios económicos sectoriales obstaculicen pertinazmente la regulación de un producto tan nocivo como el tabaco.
En la Argentina, por el contrario, los productores eluden o bloquean este debate y siguen aferrados a la teoría de que el tabaco es una fuente de riqueza insustituible y un manantial de empleo intocable, sin asumir ninguna responsabilidad -no solo por los gravísimos problemas de salud que su consumo genera- sino por un cúmulo de lacras sociales relacionadas con prácticas industriales poco transparentes.
La organización transnationale.org afirma que la industria del tabaco no solo destruye empleo en Occidente sino que desarrolla corruptas prácticas de cabildeo, contaminación ambiental a gran escala, delincuencia financiera, comercio ilícito, operaciones en paraísos fiscales y prácticas de marketing y publicidad dudosas, fácilmente constatables en los procesos judiciales abiertos en todo el mundo.
Lo más grave, en cualquier caso, es que la defensa corporativa de un sector, a la que se han plegado incondicionalmente nuestros legisladores nacionales, está logrando transmitir al mundo la señal de que los principales objetivos del Convenio Marco de la OMS (que convendría leer) son inasumibles por la República Argentina, y que los argentinos -por comodidad o por avaricia- hemos resuelto dar la espalda a quienes desde los organismos internacionales se esfuerzan por combatir y erradicar las graves enfermedades asociadas con el consumo de tabaco.