Alcohol y pirotecnia: el impuesto navideño a la pobreza de Salta

Riesgos de la pirotecniaEl tendal de lesionados que dejan el consumo irresponsable de pirotecnia y las reyertas que se producen por la ingesta excesiva de alcohol, forman parte del paisaje más o menos habitual de las fiestas navideñas en Salta.

Las cifras de heridos no parecen sin embargo preocupar en demasía a las autoridades. Quizá porque, en el fondo, los que nos mandan piensan sobre este asunto lo que el común de la gente: que la embriaguez y el estruendo son dos de las formas de exteriorización favoritas del ánimo navideño de las personas pobres y que no hay por qué privarlos de "esta alegría".

Mientras tanto, el gobierno de Salta se desespera por la "inclusión", sin que los salteños alcancen a darse cuenta que, en el fondo, la inclusión representa un objetivo sumamente modesto de la política social, un sucedáneo poco ambicioso, hermano menor de la justicia, de la igualdad o de la cohesión social.

Por eso quizá es que la preocupación gubernamental pasa por que nuestras personas más necesitadas puedan disponer de recursos económicos suficientes para hacer frente a los gastos ingentes que ocasiona el consumo de la pirotecnia y del alcohol.

Por supuesto, las clases pudientes -que en materia de atavismos culturales no tienen nada que envidiar a las menos favorecidas- también disfrutan en estas fechas de los encantos de las deflagraciones y los excesos etílicos, pero sus integrantes rara vez pagan el alto precio que para los otros significa engrosar, un año sí y otro también, las largas listas de hospitales, a los que ingresan niños de muy modesta condición que se dejan ojos, piernas, tímpanos, dedos y un largo etcétera orgánico y funcional.

Para la gente prominente de Salta parece más chic -dentro de la desgracia- tener a familiares accidentados en fastuosas piscinas solitarias, en parapentes, o a bordo de motos de alta cilindrada.

Solo la avidez y el oportunismo comercial explican que en Salta la pirotecnia más insegura disfrute de una venta libre, al alcance de todos. Porque todos sabemos que hay muy buenas leyes, que ni el más inofensivo chaski-bum puede salir al mercado sin la venia del Registro Nacional de Armas y sin el sello de Fabricaciones Militares, que nuestros inspectores municipales de comercio son los más preparados, efectivos, honrados e incorruptibles de toda la comarca y que los comerciantes salteños están sometidos para estas fechas a más controles que un afgano que se apresta a volar a Illinois.

Pero algo viene fallando desde hace décadas. Por algún motivo, la pirotecnia más peligrosa (no solo para niños sino para cualquier adulto con dos dedos de frente) resulta sumamente fácil de adquirir en cualquier kiosco, en almacenes marginales y hasta en los semáforos de cualquier esquina. En Salta nunca fue necesario salir a buscar pirotecnia: Es la pirotecnia la que sale al encuentro del cliente. Lo mismo pasa con las bebidas alcohólicas, que están al alcance de cualquiera que disponga del dinero suficiente.

Si al gobierno de Salta -incluido al municipal- le preocupara de verdad la suerte de las personas más vulnerables de nuestra sociedad, si estuviese realmente trabado en lucha contra la pobreza y la marginalidad, y si se interesara sinceramente -como dice- en el futuro de los niños y de los jóvenes, su actitud frente a estos fenómenos sería muy diferente.

Si con frecuencia nos rasgamos la vestiduras cuando la desnutrición se cobra víctimas entre los más necesitados, pensemos que tampoco nos podemos permitir que nuestros niños pobres se dejen las córneas en nombre de la alegría de la navidad, sin que nadie mueva un dedo para evitarlo.

A lo mejor, quien está llamado a moverlo, no puede hacerlo ya porque, cuando joven, un inoportuno petardo le arrancó la mano de cuajo. A lo mejor, lo que pretende el gobierno es que cuando nuestros niños se hagan mayores vivan en una sociedad de "motos" (y no hablamos de vehículos de dos ruedas, precisamente).