Un gabinete de Segunda B para disputar la Champions League

Gobernador UrtubeySegundas partes nunca fueron buenas. Y si no, que se lo pregunten al Gobernador de Salta, quien después de revalidar su cargo en las urnas por una apreciable mayoría absoluta, en pocos días iniciará su segundo periodo al frente del gobierno de una de las provincias más postergadas de la Argentina.

El desafío es enorme y el Gobernador no es Guardiola, precisamente; es decir, carece de un banquillo pletórico de jugadores capaces de saltar al terreno de juego y de resolver el partido en cualquier momento.

Se avecinan tiempos difíciles. No solo por la crisis que se atisba en el horizonte, sino porque en esta hora crucial se necesitan hombres y mujeres solventes capaces de gestionar el éxito de la coyuntura. No estamos preparados ni para el crecimiento ni para la prosperidad, así como nunca lo estuvimos suficientemente para enfrentar las sucesivas crisis. El desafío de encontrar en las políticas públicas las respuestas y las claves del futuro es, en los tiempos que vivimos, el desafío de dar con las personas adecuadas.

Con la designación del nuevo gabinete que acompañará su gestión de gobierno durante los próximos cuatro años, el gobernador Urtubey demuestra una vez más su diáfana vocación provinciana, su cortedad de miras y su visión recortada y sesgada del Estado y de la política. Es decir, no ha sorprendido a nadie.

Una vez más, el Gobernador lanza el mensaje de que en la cima de la popularidad valen más la lealtad y la obsecuencia personal que la solvencia técnica, la capacidad política, la decencia personal y la mentalidad de Estado.

Su equipo es un mosaico (un patchwork), deforme pero variopinto. El nuevo gabinete aúna inexperiencia, voluntarismo y mediocridad, en proporciones variables, pero bajo una dirección paternalista, con escaso nivel de coordinación y a la que solo confieren coherencia los espasmos de 'ordeno y mando' que nacen de esa combinación perfecta entre autoritarismo y populismo, omnipresente en cada macromolécula del ADN del Gobernador.

Ha sido su carácter atrabiliario y su narcisismo los que lo han movido a prescindir de los intelectuales y de los políticos de envergadura. La pobreza intelectual (alarmante por donde se la mire) y la falta de destreza política de los nuevos miembros de su gabinete apunta a dejar al Gobernador como el único cerebro, la única figura, el único centro irradiador de sabiduría, el único objeto al que apunta la luz.

Puede que el objetivo final de reforzar el ego de obesidad mórbida del Gobernador se alcance con estas designaciones, pero lo que parece cierto es que el futuro de Salta y de los salteños está hoy más en entredicho que nunca.

El poder absoluto, absolutamente ejercido por un hombre joven e inexperto que cree que ha nacido para mandar y todos los días se levanta de la cama encantado de conocerse, ha privado a los salteños de contar con un gobierno eficaz y cohesionado alrededor de valores compartidos por una amplia mayoría de la población.