Oremos

OremosNuestro Presidente, José Luis Rodríguez Zapatero – ZP para los amigos- se fue el pasado jueves a Washington al Desayuno Nacional de Oración. Por primera vez un español intervenía en el acto que abre cada año el curso político norteamericano y que reúne a las élites de aquel país y a invitados extranjeros.

Orar, lo que se dice orar, Jose Luis ora poco: es agnóstico confeso y militante, pero aún así, doy fe, que es espiritual. Gracias a ese “buenismo” que siempre exhibe, salvó acertadamente su intervención. Zapatero eligió un pasaje de Deuteronomio a través del cual defendió la ética, la tolerancia, la libertad, la solidaridad y la no violencia. Cualquiera – creo yo – podría estar de acuerdo con este ideario bienintencionado y general.

Mientras allá lejos, en lo que fue la tierra del “self made man” Zapatero oraba, aquí en España los españolitos orábamos aún mas: con fe o sin ella, la mitad más uno andábamos encomendándonos al “Señor”.

Ha sido una semana “horribilis”: la bolsa española derrumbándose, analistas económicos y calificadoras de riesgo empuñando afiladas espadas sobre nuestra cabezas oposición, sindicatos, empresarios y medios de comunicación, cargando contra el Gobierno, contra su “laissez faire”y sus idas y venidas sin un plan concreto, sin ideas claras y sin firme determinación.

Zapatero dice que las críticas son injustificadas, la Vicepresidenta del Gobierno afirma que  están al mando del timón, pero todos – incluso muchos socialistas compañeros de partido - observan con algo de escepticismo y mucho de frustración, que lo mismo lanzan una propuesta para reformar el sistema de pensiones como a los cinco minutos dan marcha atrás y dicen que los datos que enviaron a Bruselas eran sólo una simulación. Todos dicen que “cambiar el sistema productivo es urgente y de imperiosa necesidad”; todos dicen qué…,  pero no dicen ni cómo ni cuando se va hacer.

Desde el partido de la oposición, el PP, “atacan” pero sin determinación: la Secretaria de Organización amagó con iniciar contactos con otros partidos con el fin de aplicar en el Congreso una moción de censura al Gobierno, pero al día siguiente Mariano Rajoy dio marcha atrás. Nadie, creo yo, quiere jugarse el propio fracaso aunque, mientras tanto, se estén jugando entre todos el fracaso del país en general.

Los sindicatos – hasta ahora adormecidos a golpe de complacencia y subvención– parece que empiezan a despertar de su letargo; justo en la semana “horribilis” se atrevieron a decir que los del Gobierno eran tan sólo “una pandilla de aficionados”. Dicen que nunca es tarde si la dicha es buena: por fin, al borde del ahogamiento, parece que la cosa se agita, viendo que el tiempo apremia y que el mayor error ha sido dejar pasar estos casi dos años sin abordar lo que en estos momentos resulta inaplazable ya.

El fin de fiesta ayer noche fue la propuesta del Gobierno de reforma del mercado de trabajo. Había tanto temor a un nuevo cimbronazo de los mercados que el Presidente no compareció para realizar la presentación ante los medios hasta que la bolsa cerró. Ya veremos el próximo lunes como toman los mercados un documento que, en líneas generales, es “un pan sin sal”: un “te digo y no te digo... y no termino de rematar”.

Rodríguez Zapatero, en su “buenismo”, ha optado por presentar una reforma laboral excesivamente “light”. Mucho de lo propuesto había sido ya debatido en algunas de las reuniones entre empresarios y agentes sociales; ahora – con categoría de propuesta gubernamental – toca acordar por artículo catorce: sí o sí.

Medidas como la ampliación del actual contrato de fomento del empleo estable – que permite el despido con 33 días y no 45 de indemnización - o el reparto del empleo existente alentando el contrato a tiempo parcial o por horas, (al estilo del modelo alemán), más una serie de medidas de impulso al contrato a jóvenes para introducirlos al mercado de trabajo, son las pinceladas más significativas de una reforma – insisto- que por tibia y generalista a muchos les hace de nuevo dudar.

La reforma es imperiosa: lo es para frenar la destrucción de empleo y el incremento del paro y para hacer un torniquete a esa deuda pública que nos desangra camino de situaciones fiscales y financieras insostenibles para el Estado español. Sindicatos y empresarios deben ser conscientes de que tienen que trabajar al máximo en un acuerdo, y hacerlo a marchas forzadas: a ser posible – es un decir - ayer mejor que mañana.

Oremos todos: los que tienen fe y los que no. Y oremos, por favor, como dice el refrán: “a Dios rogando y con el mazo dando”; si no… vamos hacia la emergencia económica más fatal.

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